La crisis en Acindar Villa Constitución se profundiza, ya se anticipa una posible parada total en octubre
La caída de la demanda, la sobreproducción y la presión de las importaciones ponen en jaque a la planta siderúrgica. Trabajadores en suspenso e incertidumbre por el futuro.

La planta que la empresa siderúrgica Acindar posee en Villa Constitución, Santa Fe, atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente, consignó el portal Infogremiales. En medio de un desplome sostenido de la demanda interna y bajo la presión de importaciones más baratas provenientes de China y Brasil, la compañía ya comunicó una nueva reducción en su actividad productiva que se extenderá hasta fin de mes.
Pero lo más preocupante aún está por venir: ya circula con fuerza el rumor de una parada total de la planta durante octubre.
“Con el nivel actual de demanda, sobra una semana de producción por mes”, confiesan desde adentro de la empresa. Esta sobrecapacidad productiva llevó a Acindar a aplicar, una vez más, el esquema de suspensiones de personal que mantiene con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), generando preocupación entre los trabajadores y sus familias.
Los números delatan la magnitud de la crisis: en lo que va de 2024, la compañía produjo apenas 600.000 toneladas de acero, exactamente la mitad de lo producido en 2023, cuando se superó el 1,2 millón de toneladas. Incluso en un año considerado “flojo”, desde la propia empresa admiten que la producción ronda el millón de toneladas.
El retroceso, aseguran, se agudizó desde el inicio del gobierno libertario, que redujo regulaciones y trabas a las importaciones. Esa flexibilización del mercado permitió un mayor ingreso de acero, aluminio y otros materiales de construcción desde el exterior, con precios más bajos que los nacionales. “La situación sigue siendo de caída y no para. Al cierre del tren que ya tuvimos, se le suma que los dos trenes que quedan se paran una semana por mes”, explican fuentes internas.
El horizonte es incierto. La posibilidad de una “parada fuerte” en octubre, de duración aún indefinida, comienza a instalarse con fuerza y enciende las alarmas en la comunidad de Villa Constitución, fuertemente dependiente de la actividad siderúrgica.
Mientras tanto, la empresa intenta adecuarse a una realidad marcada por el deterioro del mercado interno, la pérdida de competitividad frente a los productos importados y un esquema productivo sobredimensionado para la nueva demanda. La tensión entre trabajadores, gremio y empresa crece, y el futuro de la planta —y de cientos de familias— pende de un hilo.
