2 de mayo de 2026

La crisis económica cambió los hábitos de consumo del 80% de los argentinos

La pregunta de fondo es cuánto tiempo puede sostenerse este modelo de ajuste sin un horizonte claro de recuperación. Si la contracción sigue avanzando y la respuesta política se limita al veto y la confrontación, el riesgo es que la crisis económica derive en un deterioro social aún más profundo. El dato del 80% no es solo una estadística: es un espejo incómodo de un país donde sobrevivir se volvió un ejercicio diario de renuncia.

La crisis económica que atraviesa la Argentina bajo la gestión de Javier Milei ya no se mide solo en cifras macroeconómicas o en variables financieras, sino en la vida cotidiana de millones de personas.

Ocho de cada diez argentinos admiten haber cambiado sus hábitos de consumo en los últimos meses, según un informe de Management & Fit, lo que revela que la austeridad dejó de ser una opción para transformarse en una necesidad ineludible.

La indumentaria y el calzado, rubros históricamente sensibles a la recesión, fueron los primeros en caer bajo la tijera del ajuste. Comprar un par de zapatos o una campera ya no es una decisión espontánea, sino un lujo postergado.

El mismo fenómeno se replica en la mesa familiar: la carne, emblema cultural y símbolo de identidad nacional, empieza a desaparecer o ser reemplazada por cortes de menor calidad. En paralelo, las marcas líderes, que durante años marcaron un estándar de consumo aspiracional, retroceden frente a segundas y terceras opciones, un signo claro de la resignación social.

Lo más alarmante no es solo la magnitud del cambio, sino su alcance. El 46,3% de los hogares reconoce que sus ingresos no alcanzan para cubrir los gastos básicos del mes, con un 16,7% que ya enfrenta “grandes dificultades”. La crisis dejó de ser patrimonio exclusivo de los sectores más postergados y ahora perfora a las clases medias, tradicional sostén del consumo interno.

Ese corrimiento marca un quiebre: un mercado cada vez más austero, donde los shoppings lucen desiertos, los supermercados son escenario de comparaciones compulsivas de precios y los negocios de cercanía sobreviven a base de promociones.

Frente a este escenario, la política oficial agrava las tensiones. El mismo informe revela un rechazo social mayoritario a los recientes vetos del presidente: más de dos tercios de la población se opone a bloquear la emergencia por discapacidad, a impedir el aumento de jubilaciones y a frenar el incremento salarial en el Hospital Garrahan. Es decir, mientras los bolsillos se vacían, las decisiones del Ejecutivo aparecen desconectadas de la urgencia social.

La polarización política funciona como telón de fondo. El respaldo de votantes de La Libertad Avanza y el PRO convive con el rechazo casi total de quienes se identifican con Unión por la Patria. Pero detrás de esa grieta hay un dato que no admite interpretaciones partidarias: el consumo se derrumba, y con él, la calidad de vida de millones de argentinos.

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