4 de mayo de 2026

La Canasta Básica vuelve a crecer por encima de la inflación y expone el deterioro social

Mientras la inflación acumulada anual trepa al 27,9% y los salarios formales crecen por debajo de esa línea, la distancia entre lo que cuesta vivir y lo que se gana continúa ampliándose. El resultado es un escenario social cada vez más frágil, donde incluso hogares con ingresos estables y formales se ven empujados a la vulnerabilidad.

El último informe del INDEC volvió a encender las alarmas: en noviembre, una familia tipo necesitó $1.257.329 para no ser considerada pobre y $566.364 para evitar la indigencia.

Las cifras, que superan holgadamente el ritmo de aumento del salario promedio, revelan un deterioro acelerado en el poder adquisitivo y profundizan la brecha entre los ingresos reales y el costo de vida.

La Canasta Básica Alimentaria (CBA) por persona aumentó 4,1% en noviembre —muy por encima del 2,5% de inflación general del mes— y se elevó a $183.289. La Canasta Básica Total (CBT) también corrió por encima del índice general con un incremento de 3,6%, situándose en $406.903 por persona. En lo que va del año, la CBA acumula una suba de 26,1% y la CBT, 22,7%, consolidando una tendencia donde lo esencial se encarece a mayor velocidad que el promedio de la economía.

La crítica más evidente surge al observar que todas las configuraciones familiares contempladas por el INDEC necesitaron ingresos superiores al millón de pesos para no caer en la pobreza: $1.000.980 para un hogar de tres integrantes y $1.322.433 para uno de cinco. Estas cifras ya no representan solo una señal de alerta económica, sino un síntoma claro de que el costo de la dignidad —alimentación, servicios, transporte, educación— se ha vuelto inaccesible para una parte creciente de la población.

El incremento de noviembre marcó la segunda variación más pronunciada del año en la Canasta Básica, solo superada por los saltos de marzo. El contraste con la inflación mensual confirma un fenómeno preocupante: los precios de los alimentos y bienes esenciales siguen avanzando más rápido que el resto de la economía, golpeando de manera desproporcionada a los sectores de menores ingresos.

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