Intimidación a la ciencia: La amenaza a la investigadora del CONICET y el auge de la violencia política
El caso de Belén Almejún no es solo un ataque personal, sino también un ataque a la ciencia y a la libertad de pensamiento. La defensa de la ciencia y de sus representantes es, en este contexto, una defensa de la democracia misma.

En un alarmante episodio que refleja el clima de hostigamiento y violencia política que se vive en Argentina, la doctora Belén Almejún, investigadora del CONICET y especialista en inmunología, se convirtió en el blanco de un asalto intimidatorio en su hogar.
Este ataque, perpetrado por dos militantes de La Libertad Avanza, se produjo tras un intercambio político en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde la científica cuestionó las ideas de este grupo político.
El asalto, que tuvo lugar en la madrugada del jueves, no solo implicó la entrada violenta al domicilio de Almejún, sino que también incluyó el corte del suministro de agua y la destrucción de propiedad. Las acciones de los asaltantes, quienes ingresaron con el rostro cubierto, fueron claramente orquestadas con el objetivo de infundir miedo y silenciar a quienes se atreven a cuestionar la narrativa de la extrema derecha.
Este episodio no es un caso aislado, sino la culminación de una serie de ataques coordinados que la investigadora había estado sufriendo en redes sociales. La cuenta @Anti_Peron45, que se autodenomina como parte de un movimiento libertario, publicó públicamente la dirección de Almejún, incitando a la violencia y exponiéndola a un peligro inminente. El hecho de que incluso el presidente Javier Milei haya retuiteado una publicación que hacía eco de la discusión en la universidad, añade una capa preocupante a esta situación, pues sugiere un respaldo tácito a este tipo de agresiones.
La doctora Almejún, en declaraciones a AM 530, expresó su incredulidad ante la magnitud de los eventos: “Empezaron a hostigar, a publicar datos personales, direcciones. A la medianoche entraron en la casa de mi familia y rompieron un caño de agua, cortándolo. Nos dejaron sin agua. Algo muy raro. Entraron, estuvieron en la terraza. Escaló a niveles que uno no puede entender”. Estas palabras reflejan no solo el miedo personal que enfrenta, sino también la creciente tensión que viven muchos académicos y profesionales en el país que se atreven a alzar la voz contra discursos extremistas.
Este ataque a la investigadora del CONICET plantea interrogantes graves sobre la seguridad de los intelectuales en Argentina y la protección que el Estado brinda a quienes ejercen su libertad de expresión. La violencia política, que parece estar en aumento, se alimenta de un clima de polarización y de ataques sistemáticos a la disidencia, lo que resulta en un ambiente hostil para el debate académico y científico.
