15 de julio de 2026

Inglaterra «go home»: Argentina volvió a creer, una remontada con alma de campeón para llegar a otra final

Con esta remontada memorable, el vigente campeón del mundo disputará una nueva final mundialista. El próximo 19 de julio, frente a España, en el estadio de Nueva York–Nueva Jersey, Argentina buscará escribir otro capítulo dorado en una historia que sigue alimentándose de fútbol, resiliencia y sueños.

Foto FIFA

Hay partidos que se ganan con táctica y otros que se conquistan con convicción. La victoria de Argentina sobre Inglaterra reunió ambas virtudes en una semifinal que tuvo todos los ingredientes de un clásico inolvidable.

La Albiceleste supo resistir, interpretar los momentos del juego y encontrar la recompensa cuando el reloj parecía jugar en su contra. El premio fue enorme: un triunfo épico que la depositó en una nueva final de la Copa Mundial de la FIFA.

El primer tiempo reflejó el respeto mutuo entre dos selecciones que entendían la magnitud del compromiso. Argentina buscó controlar la pelota, mientras Inglaterra apostó por la intensidad y el orden defensivo. Las ocasiones de gol fueron escasas: Enzo Fernández intentó sorprender con un remate de media distancia y John Stones respondió con un cabezazo que no inquietó a Emiliano Martínez. El empate al descanso era la consecuencia lógica de un desarrollo cerrado y muy táctico.

Tras el entretiempo, el conjunto dirigido por Lionel Scaloni mostró otra versión. Lionel Messi comenzó a ocupar los espacios entre líneas con mayor libertad y el equipo encontró fluidez en la circulación. Ese crecimiento se tradujo rápidamente en situaciones claras, como la doble oportunidad desperdiciada por Julián Álvarez apenas iniciado el complemento, una señal de que Argentina había decidido asumir el protagonismo.

Sin embargo, cuando mejor jugaba la Albiceleste, Inglaterra golpeó primero. A los 55 minutos, un preciso centro de Morgan Rogers encontró la aparición de Anthony Gordon, quien anticipó a Nahuel Molina para vencer a Emiliano Martínez y romper el equilibrio del marcador.

Lejos de desmoronarse, Argentina respondió con personalidad. El gol rival no modificó su plan, sino que fortaleció su decisión de atacar. Con Messi como conductor, comenzaron a multiplicarse los centros y las llegadas por arriba. Jordan Pickford sostuvo durante varios minutos la ventaja inglesa con intervenciones determinantes, primero ante un cabezazo tras un envío de Messi y luego frente a dos intentos consecutivos de Alexis Mac Allister, uno de ellos desviado por el poste.

La insistencia tuvo su recompensa cuando el partido entraba en su tramo decisivo. A los 85 minutos, Enzo Fernández sacó un potente remate desde fuera del área para establecer un empate que desató la ilusión argentina y confirmó el dominio que el equipo había ejercido durante toda la segunda mitad.

Pero todavía quedaba espacio para escribir el capítulo más emotivo de la noche. En el tiempo de descuento, otro disparo de Mac Allister volvió a estrellarse contra el palo. La jugada continuó y, apenas unos segundos después, Lionel Messi dibujó un centro preciso para que Lautaro Martínez apareciera de cabeza y marcara el 2-1 definitivo, desatando un festejo cargado de desahogo, emoción y esperanza.

Más allá del resultado, la clasificación dejó una enseñanza futbolística. Argentina supo adaptarse a las dificultades, mantuvo la calma cuando estuvo en desventaja y nunca renunció a su identidad. El segundo tiempo fue una demostración de carácter colectivo, paciencia y ambición, virtudes que explican por qué este equipo sigue compitiendo entre los mejores del mundo.

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