Historias Urbanas: El Sí de los martes y el café doble de los días nublados
A diario se producen bellas historias que por ser simples no destacan sobre las demás. Hay veces que uno elige el café de los días nublados y lo prefiere cargado y doble, dulce en lo posible o muy dulce, mejor. Ellos en cambio, sonrientes y pulcros, ya dieron el sí de los martes porque decidieron amarse.

Mientras uno se pierde en el remolino de espuma que deja la cucharita en el líquido humeante durante su giro pausado en el mismo sentido de las agujas del reloj, Baute se pregunta en la radio del bar: “Cómo resumo en poco tiempo lo que te amo yo”.
Y así, uno acompasa el ritmo, golpeando con el delicado utensilio de metal, el borde del pocillo como si invitara a cantar en silencio la canción que mide el tiempo “cómo te digo en tres minutos lo que siento yo”.
Y allí están ellos, de pie y felices: “Te buscaba y no me imaginaba lo fácil que era entregarte mi alma” repite Baute y ellos, se susurran: “Cuando el amor te llega, te atrapa y te desarma”.
Uno decidió que su café fuera doble y ellos eligieron emprender el viaje de la vida, juntos. “Te amo en carne viva sin medida y sin dolor”, el ramito en las manos nerviosas de la novia. “Te amo como nadie en esta vida” y la mano firme del novio en su cintura.
“Te amo cuando callas y me besas sin control”, la novia parece decirle en silencio a su amor y el novio contesta con miradas, “Te amo como un niño cuando tiene una ilusión”.
Amarte bien, Amarte bien. Lo único que quiero es solamente, Amarte bien.
A veces uno decide y son las decisiones simples de la vida que a ellos los impulsó un día martes a dar el sí y la foto es anecdótica cuando en la radio del bar Baute repite: “Amarte bien. Amarte bien. Lo único que quiero es solamente, Amarte bien”, mientras el café se toma doble, dulce y un día nublado.





