Europa se distancia de Trump: Alemania rechazó involucrar a la OTAN en la guerra contra Irán
Las respuestas de los aliados sugieren que, aunque existe consenso sobre la importancia estratégica del estrecho de Ormuz, no hay acuerdo para convertir el conflicto en una operación formal de la OTAN, lo que deja a la Casa Blanca frente al desafío de coordinar una respuesta internacional fuera del marco tradicional de la alianza atlántica.

La respuesta de Alemania a las declaraciones de Donald Trump refleja una creciente divergencia estratégica entre Estados Unidos y sus aliados europeos frente a la escalada bélica en Oriente Medio.
Berlín dejó claro que el conflicto entre Israel, Estados Unidos e Irán no puede ser encuadrado dentro del marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), subrayando los límites políticos y jurídicos de la alianza militar.
El portavoz del Gobierno alemán, Stefan Kornelius, afirmó que la OTAN es una alianza concebida para la defensa territorial de sus miembros y que, en el escenario actual, “no existe el mandato” para desplegar fuerzas bajo su bandera. Con esa declaración, Berlín respondió directamente a la presión ejercida por Trump, quien advirtió que la alianza podría enfrentar un “futuro muy malo” si no contribuye a reabrir el estrecho de Ormuz.
La postura alemana, respaldada por el canciller Friedrich Merz, apunta a evitar una ampliación institucional del conflicto hacia la estructura de defensa transatlántica. Según Kornelius, “esta guerra no tiene nada que ver con la OTAN”, una frase que marca una clara línea roja frente a la intención estadounidense de internacionalizar la respuesta militar.
El trasfondo del desacuerdo es el bloqueo de facto del estratégico Estrecho de Ormuz por parte de Irán, que ha disparado el precio del petróleo por encima de los 100 dólares el barril. Esta ruta marítima es uno de los principales corredores energéticos del mundo, ya que canaliza el crudo exportado por Irán, Irak y las monarquías del Golfo.
Mientras Washington impulsa la idea de una coalición internacional —que incluso incluiría a China— para garantizar la seguridad de la vía marítima, la respuesta europea se orienta hacia una estrategia más cautelosa y limitada. En Bruselas, los ministros de Exteriores de la Unión Europea analizan ajustes a la misión naval europea en el mar Rojo, conocida como Operación Aspides, con el objetivo de contribuir a restablecer el tránsito en la zona.
La alta representante de la diplomacia europea, Kaja Kallas, confirmó que los países del bloque comparten el interés en mantener abierto el estrecho, aunque varias capitales pidieron cautela antes de modificar el mandato de la misión, que actualmente cuenta con tres buques patrulleros.
Desde el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer también mencionó la elaboración de “un plan colectivo viable” con aliados para mitigar el impacto económico del cierre de Ormuz, aunque aclaró que dicha iniciativa no está concebida como una operación de la OTAN.
En la misma línea, el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, descartó cualquier participación militar directa de Alemania y enfatizó que el conflicto se inició “sin ninguna consulta previa” a sus socios europeos. Berlín, indicó, priorizará la vía diplomática para garantizar la seguridad del tránsito marítimo.
Las reticencias europeas se amplían más allá de la UE: tanto Australia como Japón ya descartaron integrarse a una eventual misión naval, evidenciando las dificultades de Washington para construir una coalición amplia en torno a la crisis.
