Espert propone una “revolución de motosierra y hacha” en Buenos Aires y agita el discurso del odio en clave electoral
En un giro discursivo cada vez más agresivo, el diputado de La Libertad Avanza José Luis Espert volvió a apelar a imágenes violentas y a una retórica radicalizada para posicionarse como eventual candidato a gobernador en 2027.

En declaraciones a Radio Rivadavia, Espert pidió conformar un “frente antimiseria” en la provincia de Buenos Aires —en alianza con sectores del PRO— y propuso sin eufemismos aplicar una “revolución de motosierra y hacha”, una fórmula que, lejos de ser metafórica, refleja el endurecimiento del discurso oficialista en su fase más ideológica.
“Nos vamos a equivocar si no aplicamos la revolución de motosierra y hacha que hay que aplicar en la provincia”, lanzó Espert, en línea con la política de ajuste estructural que impulsa el presidente Javier Milei, pero con un tono aún más virulento. Detrás de esa consigna, el diputado no solo plantea un recorte drástico del gasto público sino también la eliminación de ministerios enteros, a los que considera “robos” institucionalizados.
Espert cargó con particular dureza contra el gobernador Axel Kicillof, a quien acusó de convertir a Buenos Aires en una “cloaca” y de liderar un “baño de sangre de inocentes”. Más allá del estilo provocador, sus afirmaciones no estuvieron acompañadas de datos concretos ni de propuestas estructuradas, lo que revela un intento de reforzar una narrativa de confrontación pura antes que un diagnóstico riguroso sobre los problemas reales de la provincia.
La prédica de Espert incluye ataques sistemáticos a instituciones del Estado —como los ministerios de Trabajo y Producción— que, según él, deben eliminarse por “innecesarios”, ignorando que sus competencias responden a necesidades sociales y económicas que exceden la dicotomía mercado-Estado. En su arremetida contra la función pública, el diputado reduce la complejidad de la administración provincial a una caricatura ideológica en la que cualquier intervención estatal es sinónimo de corrupción o ineficiencia.
Además de deslegitimar el rol del Estado, Espert insistió en reivindicar condenas judiciales contra Cristina Kirchner, a quien calificó como “delincuente serial” y “presa por robar”, a pesar de que ninguna de las sentencias tiene firmeza judicial. También propuso enjuiciar por “mala praxis” al exjuez Raúl Zaffaroni, a quien responsabilizó por el supuesto “baño de sangre” argentino, en una muestra más de su voluntad de judicializar la política y estigmatizar a figuras del pensamiento crítico o del derecho garantista.
Incluso denunció censura de parte de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, por no permitirle dar una charla convocada por estudiantes, mientras acusaba a la universidad pública de abrirle las puertas a “ideólogos del terror”. La queja, sin embargo, parece responder más a la construcción de una narrativa de persecución que a un hecho institucionalmente probado.
El discurso de Espert no solo busca consolidar un electorado radicalizado, sino que también abona un clima de intolerancia, desprecio por la pluralidad democrática y exaltación de soluciones extremas que ya han fracasado en el pasado. La violencia simbólica que vehiculiza —a través de metáforas bélicas y señalamientos personalistas— tensiona aún más el sistema político y dificulta la posibilidad de construir consensos, especialmente en un territorio tan complejo y desigual como la provincia de Buenos Aires.
