18 de abril de 2026

En shorts y trepando muros, así huye la inconsciencia cuando llega la Policía a una fiesta clandestina

Inaudito. Inconcebible. Arriesgar el cuero saltando muros para evitar un control es una estupidez muy arriesgada. Si en pandemia te cayó la Policía en una fiesta clandestina organizada por un amigo, debes asumir que perdiste la jugada, que vos buscaste ese final y que moviste equivocadamente las piezas. “Una jugada de dados, no abolirá el azar”, decía Stéphane Mallarmé, el “poeta maldito” que sin dudar y en pocas palabras, resumiría la actitud de estos chicos santiagueños.

Fue una “jodita”, de las tantas clandestinas que hay en Santiago del Estero. Alguien se comunicó con la Policía y denunció música a alto volumen, ingesta de alcohol y varios participantes que no respetaban los protocolos sanitarios por la pandemia.

Cuando los efectivos de la División Prevención y Protección contra el Alcoholismo llegaron a una coqueta vivienda del barrio Santa Clara de La Banda, los asistentes cayeron en cuenta que la Ley venía por ellos.

Las balizas encendidas e intermitentes de los patrulleros en la puerta de casa, eran el presagio menos feliz y el anuncio de que la noche había finalizado o que, en el mejor de los casos, terminaría en la Comisaría.

Y así, sin planearlo, supieron que algo había que hacer. El primer acto reflejo fue apagar la música y las luces, tal vez pensando que de esa forma disuadirían a los agentes del orden y lo segundo que se les ocurrió fue huir. ¿Pero cómo hacerlo? Si la Policía obstaculizaba la única salida a la libertad.

Los más vivos buscaron los fondos, treparon la pared medianera y se lanzaron al patio vecino. Otros, con menos músculos pero con la actitud del rebaño, siguieron el impulso de manada y ayudados con una escalera pudieron también trepar los muros y buscar asilo en la casa vecina.

Los menos sagaces e intrépidos, o los que se quedaron sin tiempo, buscaron escondites en la amplia vivienda. Una habitación a oscuras y en silencio era el lugar más obvio para buscar y encontrar. Debajo de una cama y transpirando la gota gorda por el peso y lo abrigado del cobertor, parecía una opción acertada, pero tampoco lo fue. O simplemente en la bañera, con los ojos cerrados y con una toalla en la cabeza, como cuando éramos niños y todo se reducía a los juegos en nuestras mentes infantiles.

Sin embargo, el procedimiento fue minucioso y los policías, acostumbrados a las tretas repetidas, hicieron su tarea con seguridad y esmero. Pidieron las autorizaciones del caso y ante la negativa procedieron en consecuencia. Respondieron preguntas capciosas con la letra de la Ley que avala su trabajo, pero no escucharon ni emitieron comentarios a los desafortunados planteos de quienes se hallaban en infracción.

Planteos como: “No entiendo por qué la Policía está aquí”, o del tenor que crispa los nervios, tales como los que hizo el propietario al personal policial luego de sacar a uno de sus amigos de debajo de la cama: ¿“Podrías acomodar el colchón”? o cuando una funcionaria levantaba una botella de Vodka y se puede oír, “Eso es un adorno”.

Ya pasadas las 4 de la mañana del Viernes Santo, la tranquilidad del mencionado sector residencial bandeño, se vio alterada porque el operativo no concluyó en una sola vivienda sino en la contigua a donde los uniformados fueron a buscar a los “brincatapias” y una vez sacados de su refugio, se los condujo a un lugar seguro donde se los identificó.

Alrededor de 15 personas fueron notificadas de haber incurrido en las infracciones contempladas en los Decretos Nacional N°167/21 y su modificación del 168/21 y el Decreto Provincial N°2153/20, sobre la organización y participación de eventos o reuniones no autorizadas, además de ser imputadas del artículo 205 del C.P.A. que reprime aquellas acciones contra la salud pública en tiempos de pandemia.

La peor parte, se la llevó un joven de 27 años, con residencia en el lugar, quien dijo ser locatario del inmueble y por consiguiente el organizador de la fiesta. En su caso, tras la consulta de rigor con la fiscal Jacqueline Maccio, quedó aprehendido por la Policía y conducido a sede de la Comisaría 12 donde fue alojado en una celda, aparte de ser informado de las infracciones antes referidas.

Como corolario anecdótico de la situación quedó la imagen de los policías desechando las bebidas secuestradas en el lugar y la reflexión del uniformado que con voz de hermano mayor les repetía a los infractores los peligros que implicaba saltar los muros ya que podían caer al vacío o acarear consecuencias legales en caso de ser denunciados.

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