Empleo en caída libre: 14.000 empresas cerradas y más de 210.000 empleos perdidos en la era Milei
La llamada «motosierra» del presidente Javier Milei no solo se traduce en recortes presupuestarios, sino en una demolición sistemática del entramado productivo y del empleo registrado en la Argentina.

Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado con datos oficiales del SIPA y la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), entre noviembre de 2023 y marzo de 2025 cerraron 13.862 empresas y se destruyeron 210.971 puestos de trabajo formales. La cifra no solo impresiona por su magnitud, sino porque revela un modelo económico que erosiona aceleradamente el tejido productivo nacional y promueve la precarización como norma.
Un país que deja de producir
Durante los primeros cinco meses del gobierno libertario, la Argentina perdió en promedio casi 2.800 empresas por mes. Desde grandes industrias hasta pequeños comercios, la tendencia es clara: cada semana cientos de unidades productivas bajan sus persianas, sin perspectivas de reapertura. La cantidad de empleadores formales se redujo un 2,7%, al pasar de 512.357 a 498.495.
El rubro Transporte y Almacenamiento encabeza el derrumbe con 3.502 empleadores menos (-8,87%), seguido de Comercio, Construcción, Actividades inmobiliarias, Servicios profesionales e Industria manufacturera. Esta diversificación sectorial del colapso evidencia que no se trata de un “reacomodamiento” económico, sino de un proceso transversal de destrucción del aparato productivo.
Un modelo que despide, no contrata
En paralelo a la desaparición de empresas, la caída del empleo asalariado registrado alcanza el 2,14%, lo que equivale a más de 210.000 trabajadores formales expulsados del sistema. La Administración Pública Nacional encabeza la lista con 130.102 despidos, mientras que la Construcción perdió 81.871 empleos (-17,2% en términos relativos), seguida por Transporte (-53.672) e Industria (-25.510).
En diciembre de 2024 se produjo un fenómeno excepcional: una caída del 3,1% en el empleo registrado, por efecto de la eliminación del monotributo social por parte del Ministerio de Capital Humano. En un solo mes, 400.000 personas quedaron fuera del sistema. Lejos de revertirse, la tendencia continuó: en marzo de 2025, se registraron 7.300 despidos más.
La trampa del monotributismo
Mientras el empleo asalariado formal cae, el monotributo crece levemente, al pasar de 2.037.762 personas en noviembre de 2023 a 2.112.759 en marzo de 2025. Aunque presentado por algunos sectores como “autoempleo”, este crecimiento refleja una sustitución del trabajo protegido por formas de ocupación más inestables, mal remuneradas y sin derechos básicos como aguinaldo, vacaciones pagas o aportes jubilatorios plenos.
Este fenómeno responde a una lógica de “flexibilización encubierta”, en la que se desmantelan los derechos laborales bajo la narrativa de la libertad individual. En los hechos, más argentinos trabajan más horas, con menos garantías y por ingresos que no alcanzan a cubrir la canasta básica.
Ajuste, apertura y desprotección
El “plan de estabilización” de Milei implica ajuste fiscal brutal, apertura comercial indiscriminada y retiro del Estado como promotor de empleo. Sin obra pública, sin políticas de fomento productivo, y con una apreciación cambiaria que destruye la competitividad de las industrias nacionales, las empresas quiebran y los trabajadores caen en la informalidad o el desempleo.
El resultado es una reconfiguración regresiva del mercado laboral argentino, donde la precariedad reemplaza al empleo protegido y el cierre de empresas no encuentra un correlato en nuevas inversiones. El gobierno celebra la baja de la inflación, pero omite que se logra a costa del colapso de la demanda interna, del consumo y del trabajo.
Una crisis sin piso… ¿ni plan?
El informe del CEPA advierte que los indicadores siguen empeorando, y alerta sobre el riesgo de consolidar una estructura económica basada en la informalidad, la concentración y la exclusión. En ausencia de medidas compensatorias, programas de reactivación o planes de sostenimiento del empleo, la recesión se convierte en política de Estado.
Mientras tanto, el gobierno insiste en profundizar su agenda de reformas estructurales —como la laboral y previsional— que, lejos de revertir la crisis, podrían acelerar la descomposición del trabajo registrado. La promesa de una “Argentina libre y próspera” choca con una realidad que huele a década del ’90: menos empleo, menos industria y más desigualdad.
En suma, el experimento libertario avanza con saldo rojo para la producción y el empleo. Las cifras no mienten: la motosierra no recortó privilegios, sino fábricas, derechos y puestos de trabajo. Y lo que está en juego no es solo un modelo económico, sino el futuro del trabajo digno en Argentina.
