El Senado aprobó el Presupuesto 2026 en medio de fuertes tensiones y negociaciones políticas
Con la aprobación en general ya concretada, el debate en particular se perfila como el verdadero campo de disputa. Allí se pondrá a prueba la capacidad del Gobierno para sostener su estrategia fiscal sin ceder en áreas sensibles, en un Senado donde el equilibrio de fuerzas obliga a negociar cada artículo clave.

El Gobierno nacional consiguió un paso decisivo al lograr la aprobación en general del proyecto de Presupuesto 2026 en la Cámara de Senadores, una iniciativa central para el rumbo económico y político de la actual gestión.
Con este aval, se abrió una etapa clave: el análisis en particular de los distintos capítulos, donde persisten resistencias, especialmente en los artículos vinculados al financiamiento universitario, la educación y el sistema científico.
Aunque desde el oficialismo de La Libertad Avanza aseguran contar con los votos necesarios para sancionar la ley, la sesión estuvo precedida por intensas negociaciones con legisladores y gobernadores, producto de los desacuerdos sobre artículos sensibles. La falta de consensos quedó expuesta desde el inicio, cuando la reunión de labor parlamentaria fracasó en definir de manera unánime la modalidad de tratamiento del proyecto.
Finalmente, y tras una votación marcada por el malestar opositor, se resolvió que el debate se realice por capítulos y no por artículos, como reclamaba el interbloque Popular. Esta decisión fue uno de los primeros focos de conflicto de una jornada atravesada por cruces políticos y cuestionamientos al procedimiento legislativo.
Uno de los discursos más críticos fue el del senador José Mayans, quien rechazó lo que calificó como un “tratamiento acelerado” del Presupuesto y denunció irregularidades en la dinámica parlamentaria. Sus cuestionamientos se dirigieron también a la conducción del bloque oficialista, a la que acusó de vulnerar el reglamento y el rol institucional del Senado.
Desde el oficialismo, el senador Ezequiel Atauche defendió el proyecto al remarcar que, por primera vez en décadas, el Presupuesto no prevé déficit fiscal y se apoya en la premisa de gastar únicamente los recursos disponibles. En ese sentido, presentó la iniciativa como un “punto de inflexión” orientado a ordenar las cuentas públicas sin recurrir a endeudamiento ni emisión monetaria, bajo un escenario de mayor estabilidad macroeconómica.
La oposición, sin embargo, planteó objeciones de fondo. El senador Jorge Capitanich expresó el rechazo de su bloque al considerar que el equilibrio fiscal propuesto no contempla adecuadamente el impacto sobre el desarrollo productivo y las políticas públicas en las provincias y municipios. Según advirtió, el esquema presupuestario implicaría una reducción de partidas estratégicas que limita la autonomía de las administraciones locales.
Las mayores resistencias se concentran en el Capítulo II, que incluye disposiciones sobre educación y ciencia. Legisladores de la Unión Cívica Radical, como Maximiliano Abad, Flavio Fama y Daniel Kroneberger, adelantaron su voto negativo a ese tramo del proyecto. Argumentaron que no es posible acompañar un Presupuesto que, a su entender, compromete el futuro educativo y científico del país, aun cuando manifestaron su voluntad de debatir mejoras en términos de eficiencia y transparencia.
