El salto del combustible tensiona al transporte de cargas y pone en riesgo la cadena de abastecimiento
El riesgo de desabastecimiento aparece más como una derivación lógica que como una hipótesis extrema. La discusión, entonces, trasciende el precio del combustible y se traslada a la falta de previsibilidad y coordinación en la política de costos. Sin respuestas en ese frente, el impacto podría escalar rápidamente desde las empresas hacia el conjunto de la economía y la vida cotidiana.

La aceleración en los precios del combustible dejó de ser un problema sectorial para convertirse en un factor de riesgo sistémico. El transporte de cargas —columna vertebral de la distribución de bienes en Argentina— advierte que la dinámica actual de costos pone en jaque su viabilidad económica y abre la puerta a posibles interrupciones en el abastecimiento.
Desde la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas señalaron que los recientes aumentos del gasoil y las naftas, con subas acumuladas de entre 20% y 25% en pocas semanas, impactan de lleno en una estructura de costos altamente dependiente del combustible. En particular, el gasoil —insumo central del sector— ya supera valores que lo ubican entre los más altos de la región medidos en dólares.
El problema no radica únicamente en el nivel de precios, sino en la velocidad de los incrementos. Mientras durante 2025 el gasoil ya había superado a la inflación, en marzo los aumentos se concentraron en apenas semanas, generando un desfasaje inmediato con tarifas que no logran ajustarse al mismo ritmo. Esta brecha erosiona la rentabilidad, especialmente entre pequeñas y medianas empresas, que operan con márgenes cada vez más estrechos.
Según explicó Cristian Sanz, presidente de la entidad, el combustible representa cerca de un tercio de los costos operativos, por lo que cada variación impacta de forma directa en la sostenibilidad del negocio. En ese contexto, la falta de mecanismos ágiles de actualización tarifaria agrava el escenario y coloca a muchas firmas al borde de reducir operaciones o directamente cesar actividades.
A este cuadro se suma un contexto internacional volátil, con subas abruptas en el precio del petróleo —referenciado en el Brent— impulsadas por tensiones geopolíticas. Sin embargo, desde el sector remarcan que el impacto local se amplifica por la ausencia de herramientas que amortigüen esas fluctuaciones en el mercado interno.
La advertencia empresarial es clara: si la ecuación económica deja de cerrar, la consecuencia no será solo sectorial. En un país donde el transporte automotor moviliza más del 90% de las mercaderías, una retracción en la actividad implicaría demoras, menor frecuencia de entregas y eventuales faltantes de productos esenciales, desde alimentos hasta insumos industriales.
