2 de septiembre de 2026

El objetivo real: Trump amenazó con “apoderarse del petróleo de Irán”

Los mercados, altamente sensibles a cualquier alteración en Medio Oriente, reaccionan no solo a los hechos, sino también a las señales políticas, profundizando la inestabilidad en un contexto donde la energía vuelve a ser un factor central de disputa global.

Los mercados energéticos vuelven a tensionarse tras una nueva escalada en Medio Oriente, impulsada tanto por el conflicto armado como por el endurecimiento del discurso del presidente estadounidense, Donald Trump, quien llegó a plantear abiertamente la posibilidad de tomar control de recursos petroleros iraníes.

En este contexto, el barril de Brent crude oil trepó hasta los 116 dólares, con una suba diaria de hasta 3,5%, mientras que el West Texas Intermediate alcanzó los 101 dólares, con un alza cercana al 2%. Ambos indicadores acumulan incrementos superiores al 50% en lo que va de marzo, reflejando la sensibilidad del mercado frente al conflicto.

El punto de inflexión se produjo tras la ofensiva iniciada el 28 de febrero contra Irán, que alteró drásticamente las expectativas globales sobre la oferta de energía. Antes de ese episodio, el Brent se mantenía en torno a los 73 dólares por barril, lo que evidencia la magnitud del salto.

Sin embargo, más allá de los factores estrictamente bélicos, los dichos de Trump agregan un componente adicional de incertidumbre. El mandatario no solo sugirió la posibilidad de “apoderarse” del petróleo iraní, sino que también mencionó la eventual ocupación de la isla de Kharg, principal terminal de exportación del país, por donde circula más del 90% de sus ventas externas de crudo.

La hipótesis de una intervención directa sobre infraestructura energética estratégica introduce un riesgo geopolítico mayor, con potencial impacto en el suministro global. Aun así, Trump combinó estas amenazas con señales aparentemente contradictorias, al sostener que las negociaciones indirectas con Teherán —mediadas por Pakistán— avanzan de manera favorable.

Según sus declaraciones, Irán habría aceptado gran parte de las exigencias planteadas por Washington, que incluyen restricciones al desarrollo nuclear, la entrega de uranio enriquecido y la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz, clave para el comercio energético global.

En este escenario ambiguo, el gobierno estadounidense fijó el 6 de abril como fecha límite para alcanzar un acuerdo, bajo la amenaza de intensificar los ataques sobre el sector energético iraní en caso de no lograr avances.

La combinación de retórica agresiva y negociaciones en curso configura un panorama volátil que se traslada de inmediato a los precios del petróleo.

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