3 de julio de 2026

El Gobierno solicitó un waiver al FMI tras incumplir la meta de reservas

En un nuevo capítulo de la tensa relación con el Fondo Monetario Internacional, el Gobierno argentino formalizó esta semana un pedido de waiver, es decir, una dispensa para que el organismo le pase por alto el incumplimiento de la meta de acumulación de reservas internacionales prevista en el acuerdo vigente.

La gestión apunta a destrabar el desembolso de USD 2.000 millones, recursos que el Ejecutivo considera vitales para transitar un segundo semestre cargado de presiones financieras.

La solicitud fue presentada en Washington por la delegación argentina encabezada por el secretario de Finanzas, Pablo Quirno, y el viceministro de Economía, José Luis Daza. Sin embargo, la definición final no será inmediata: el directorio del Fondo todavía debe pronunciarse y el receso de verano en el hemisferio norte podría demorar la resolución —y el giro de fondos— hasta septiembre, según consignó el diario Ámbito Financiero.

El acuerdo con el Fondo fijaba para el segundo trimestre de 2025 una meta de acumulación de USD 4.700 millones en reservas, objetivo que el ministro de Economía, Luis Caputo, no consiguió alcanzar. En parte, el Ejecutivo justificó el desvío señalando factores como el peso de los vencimientos de deuda, su estrategia de no emitir pesos para evitar presionar aún más la inflación, y la decisión política de no intervenir en la banda cambiaria hasta que el dólar alcanzara los 1.000 pesos, un límite que sigue sin activarse.

A la lista de problemas se suma el preocupante déficit de cuenta corriente, que trepó a USD 5.100 millones en la primera mitad del año, quintuplicando las proyecciones originalmente acordadas con el FMI. Esto deterioró aún más las reservas del Banco Central en un contexto de inflación que ya supera el 100% anual y que erosiona cualquier margen de maniobra del Ejecutivo.

Mientras tanto, el Staff Level Agreement —un acuerdo técnico ineludible que habilita al Board del FMI a revisar formalmente el programa— sigue sin cerrarse, sumando incertidumbre y dilaciones al proceso. La vocera del FMI, Julie Kozack, buscó matizar la tensión al calificar las conversaciones como “muy productivas” en su última conferencia, pero lo cierto es que la situación dista de ser sencilla.

La fragilidad de las reservas, la asfixia de la deuda y el agudo desequilibrio externo vuelven a colocar a la Argentina ante el mismo dilema histórico: la necesidad de cumplir metas exigentes mientras su economía tambalea. El Gobierno apela ahora a la flexibilidad del Fondo, pero la pregunta de fondo permanece: ¿hasta cuándo podrá seguir pidiendo perdón en lugar de resultados?

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