El gobierno presiona a gobernadores por reformas mientras refuerza su estrategia de negociación fiscal
En un contexto de fragilidad política y necesidad de respaldo legislativo, el Gobierno nacional volvió a activar las negociaciones con mandatarios provinciales con el objetivo de garantizar apoyo a la ambiciosa agenda de reformas impulsada por el presidente Javier Milei.

El ministro del Interior, Diego Santilli, encabezó en la Casa Rosada una serie de reuniones con los gobernadores Claudio Poggi, de San Juan, y Juan Pablo Valdés, de Corrientes.
Los encuentros, realizados por separado, se inscriben en una estrategia oficial que combina diálogo político con incentivos económicos para alinear a las provincias detrás de los proyectos del Ejecutivo.
Durante las conversaciones, se abordaron iniciativas clave como la modificación de la Ley de Glaciares, cambios en la normativa sobre tierras rurales, un nuevo régimen de desalojos exprés y un endurecimiento del Código Penal en materia migratoria. Se trata de un paquete que apunta a redefinir el rol del Estado en áreas sensibles como la propiedad privada, el ambiente y la seguridad.
Los gobernadores, por su parte, aprovecharon las reuniones para plantear demandas específicas. Poggi puso sobre la mesa la posibilidad de extender la concesión de una ruta nacional para su provincia, mientras que Valdés insistió en la necesidad de avanzar con proyectos que mejoren las condiciones económicas y sociales en Corrientes. Ambos dejaron en claro que el respaldo político estará condicionado a beneficios concretos para sus distritos.
En paralelo, el Gobierno oficializó la entrega de adelantos financieros a doce provincias por hasta 400.000 millones de pesos, bajo la figura de anticipos de coparticipación. Aunque la medida busca aliviar tensiones fiscales, también funciona como una herramienta de negociación política para sostener vínculos y evitar rupturas en un escenario de alta conflictividad.
El esquema establece que los fondos deberán ser devueltos dentro del mismo año, con retenciones automáticas y una tasa de interés fija, lo que refleja un delicado equilibrio entre asistencia y disciplina fiscal.
Mientras tanto, el Congreso se prepara para retomar la actividad con el tratamiento de la reforma de la Ley de Glaciares, una iniciativa que ya genera controversia por las restricciones al debate público. Este será el primer test legislativo de una batería de proyectos que el oficialismo define como el núcleo de su programa transformador.
Desde la Jefatura de Gabinete, se insiste en que estas medidas buscan “fortalecer la propiedad privada” y corregir lo que consideran distorsiones del sistema normativo vigente. Sin embargo, las críticas apuntan a un posible retroceso en materia ambiental y social, así como a una creciente concentración de poder en el Ejecutivo.
Con una agenda cargada y apoyos aún inciertos, el Gobierno apuesta a una combinación de presión política, negociación económica y urgencia legislativa para avanzar con lo que denomina “el año de las reformas”. El resultado de esta estrategia dependerá, en gran medida, de la capacidad oficial para sostener alianzas en un tablero político cada vez más volátil.
