El FMI enfría el optimismo: menos crecimiento y más inflación para la Argentina en 2025
El mensaje del organismo es claro: la Argentina podría crecer, pero no tanto como se esperaba, y el costo inflacionario será más alto. La lectura crítica es que, pese a los matices optimistas, la economía local sigue atrapada en un círculo en el que las proyecciones de crecimiento lucen frágiles y vulnerables a cualquier shock externo o error de política interna.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a ajustar hacia abajo su mirada sobre la economía argentina: prevé ahora que el país crecerá 4,5% en 2025, un punto menos que lo estimado en julio y un recorte respecto del 5,5% proyectado en abril. A la vez, corrigió al alza sus expectativas de inflación, que pasarían del rango de 18-23% a un 28% anual.
Los datos, difundidos este martes en Washington en la actualización del informe de Perspectivas Económicas Mundiales, reflejan un escenario menos alentador no solo para la Argentina, sino también para la economía global, donde se espera una desaceleración hasta el 3,2%.
Para la región, el pronóstico no es más optimista: América Latina y el Caribe se estancan en torno al 2,4% de crecimiento, consolidándose como una de las áreas más rezagadas entre los mercados emergentes.
En el caso argentino, las previsiones del FMI siguen marcando un contraste llamativo con el consenso local. Si bien la proyección de crecimiento del organismo (4,5%) supera la mediana del Relevamiento de Expectativas de Mercado (3,9%), ambas coinciden en el pesimismo inflacionario: el REM prevé 29,8%, apenas por encima del 28% estimado por el Fondo.
Este nuevo recorte desnuda las tensiones de fondo: la aparente recuperación del PBI convive con una inflación que sigue lejos de los objetivos oficiales y que amenaza con corroer cualquier mejora. El ajuste también plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del programa económico en marcha, más aún en un contexto internacional que el propio FMI califica de “incierto”, con tensiones comerciales, inversiones retraídas y un consumo global bajo presión.
