El costo civil de la ofensiva de EE.UU. en Yemen: el Pentágono admite 153 muertos y 243 heridos
Una revisión interna del Pentágono reconoce que 153 civiles murieron y otros 243 resultaron heridos durante tres ataques aéreos estadounidenses contra posiciones hutíes en Yemen en abril de 2025. El dato vuelve a poner bajo escrutinio la estrategia militar de Washington y el impacto que sus operaciones tienen sobre una población atrapada en un conflicto que amenaza con extenderse nuevamente por la región.

La investigación fue remitida al Congreso como parte del informe anual del Departamento de Defensa sobre víctimas civiles. Aunque el Pentágono determinó que los bombardeos “probablemente” provocaron daños a la población, no recomendó entregar pagos de condolencias a las víctimas o sus familiares, sin ofrecer una explicación detallada sobre esa decisión.
Los ataques analizados se produjeron durante la campaña estadounidense contra los hutíes, grupo respaldado por Irán que había intensificado sus ofensivas contra buques comerciales en el mar Rojo, una de las principales rutas del comercio internacional hacia el canal de Suez y el Mediterráneo.
Tres ataques y un saldo devastador
Los bombardeos tuvieron como objetivos posiciones en Saná, la capital controlada por los hutíes, y el puerto de Ras Isa. Este último ataque fue el más letal: 80 personas murieron y 171 resultaron heridas, según la revisión del Pentágono.
Las imágenes difundidas después del bombardeo mostraron enormes explosiones en las instalaciones portuarias, vehículos cisterna destruidos y cuerpos entre los restos. Pese a la magnitud de las consecuencias, el Mando Central estadounidense había sostenido tras la operación que el ataque no tenía como propósito causar daños a la población yemení.
Washington justificó entonces la ofensiva como una operación destinada a destruir una fuente de combustible y de ingresos de los hutíes, a quienes acusa de utilizar esos recursos para financiar ataques contra objetivos en la región.
La investigación posterior se apoyó en información de inteligencia estadounidense, imágenes y datos procedentes de fuentes abiertas para establecer el impacto sobre la población civil.
Sin compensaciones para las víctimas
Uno de los aspectos más controvertidos de la investigación es la decisión de no recomendar pagos de condolencias por ninguno de los tres ataques. El propio informe reconoce que este tipo de compensaciones puede utilizarse cuando operaciones militares estadounidenses provocan la muerte o heridas de civiles, aunque no constituye una admisión de responsabilidad ni una obligación legal.
El contraste resulta especialmente llamativo si se tiene en cuenta que, tras el ataque con un dron estadounidense en Afganistán que mató a diez civiles en 2021 —entre ellos siete niños—, el Pentágono había expresado su compromiso de ofrecer compensaciones a las familias.
El precedente de Biden y la continuidad bajo Trump
Estados Unidos comenzó a atacar posiciones hutíes en 2023, durante la Administración de Joe Biden, después de que el grupo iniciara una campaña de drones y misiles contra barcos comerciales en el mar Rojo. Los hutíes justificaron sus operaciones como una forma de presionar por el fin de la guerra entre Israel y Hamás y mostrar respaldo a los palestinos.
La ofensiva estadounidense se convirtió en uno de los enfrentamientos navales más intensos para la Armada de EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial, con aviones de combate y destructores interceptando drones y misiles lanzados por los rebeldes.
Ahora, bajo el Gobierno de Donald Trump, el reconocimiento de 153 civiles muertos en apenas tres ataques vuelve a alimentar las críticas sobre el costo humano de las operaciones estadounidenses. A ello se suma la preocupación por una reducción de los recursos destinados dentro del Pentágono a prevenir y evaluar daños contra la población civil.
Yemen, nuevamente al borde de una escalada
El escenario regional tampoco ofrece señales tranquilizadoras. Los hutíes han incrementado sus ataques contra las fuerzas gubernamentales yemeníes, instalaciones petroleras de Arabia Saudí y embarcaciones vinculadas al reino saudí.
El riesgo es que esta nueva escalada termine quebrando la relativa calma alcanzada tras la tregua de 2022 y reactive la guerra civil yemení, al mismo tiempo que abre otro frente dentro de un Oriente Medio ya marcado por múltiples conflictos.
El balance admitido por el propio Pentágono expone así una de las contradicciones centrales de la estrategia militar estadounidense: Washington afirma combatir amenazas regionales, pero sus propias operaciones terminan dejando un elevado número de víctimas civiles, mientras las consecuencias políticas y humanitarias de esa intervención siguen sin resolverse.
