El biodiésel argentino se hunde en una crisis histórica: opera con el 75% de su capacidad paralizada
Aunque la producción mostró una leve mejora en el inicio de 2026 respecto del mismo período del año anterior, los niveles actuales continúan muy lejos de los registros que supo exhibir el sector en su etapa de mayor expansión.

La industria argentina del biodiésel atraviesa uno de los escenarios más complejos de los últimos años, marcada por una fuerte caída de la actividad, una elevada capacidad ociosa y un horizonte comercial cada vez más incierto.
De acuerdo con datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), entre enero y abril de este año se produjeron 308.565 toneladas de biodiésel, cifra que representa un incremento interanual del 16%. Sin embargo, el volumen sigue siendo un 25% inferior al promedio registrado durante los últimos cinco años y constituye el tercer peor desempeño para ese período desde 2010.
La situación cobra mayor gravedad al observar la utilización de la infraestructura productiva instalada. Argentina dispone de una capacidad cercana a las 3,8 millones de toneladas anuales, concentrada principalmente en Santa Fe, pero actualmente apenas se aprovecha una cuarta parte de ese potencial. En otras palabras, cerca del 75% de las plantas permanece inactivo, reflejando la magnitud de la crisis que atraviesa la actividad.
El deterioro resulta aún más evidente al comparar los números actuales con los alcanzados en años anteriores. Tras haber llegado a producir 2,8 millones de toneladas en 2017, el sector inició una prolongada retracción que lo llevó a tocar fondo en 2023 con apenas 830.000 toneladas. Aunque en 2024 se observó una recuperación parcial, la tendencia volvió a debilitarse posteriormente y los datos de 2026 no muestran señales claras de una recuperación sostenida.
Uno de los principales factores detrás de este retroceso ha sido la pérdida de dinamismo de los mercados externos. La industria fue quedando progresivamente dependiente del mercado interno, donde la demanda se encuentra limitada por los volúmenes establecidos para la mezcla obligatoria con combustibles fósiles.
En 2025, las ventas domésticas superaron ampliamente a las exportaciones, que cayeron a su nivel más bajo desde que existen registros. Durante los primeros cuatro meses de 2026, la situación empeoró: mientras el mercado local absorbió más de 271.000 toneladas, los envíos al exterior apenas superaron las 30.000 toneladas.
La amenaza más preocupante proviene ahora de la Unión Europea, tradicionalmente el principal y prácticamente único destino relevante para las exportaciones argentinas de biodiésel. Una eventual decisión de Bruselas que restrinja o cierre el ingreso del producto nacional podría dejar al sector sin alternativas comerciales significativas fuera del país.
Esta dependencia genera una vulnerabilidad adicional para las empresas exportadoras, que actualmente no participan del esquema de abastecimiento del mercado interno destinado al corte obligatorio de combustibles. En consecuencia, cualquier restricción internacional impacta de manera directa sobre su supervivencia económica.
Frente a este panorama, la industria enfrenta una encrucijada. La combinación de mercados externos debilitados, demanda interna insuficiente y elevados niveles de capacidad ociosa pone en duda la sustentabilidad de un sector que alguna vez fue considerado un referente global en la producción de biocombustibles.
Mientras se debate la posibilidad de un nuevo marco normativo que otorgue previsibilidad e incentive inversiones, gran parte de la infraestructura instalada permanece detenida, simbolizando el retroceso de una actividad estratégica que hoy lucha por recuperar protagonismo y evitar una profundización de su declive.
