El agosto negro de Macri y el vayan a dormir, que mañana rompo todo
Era lunes 12 de agosto. Un lunes bien temprano y no había celebraciones. No había cotillón poselectoral, ni música, ni palabras de felicitaciones. Tampoco había arengas para motivar los ánimos golpeados y la atmósfera era demasiado pesada como para respirar confianza, de cara a lo que vendría.

Guido Sandleris, presidente del Banco Central de la República Argentina, llegó esa mañana a la Casa Rosada en busca de una línea de acción ante el resultado de la elección y lo único que obtuvo fue una definición política que pintaría de negro el panorama del gobierno nacional.
El funcionario tenía una excusa lógica, había observado la intranquilidad de los mercados financieros aquel domingo ante lo que parecía inminente, y que en definitiva terminó siéndolo, el abrumador triunfo de Alberto Fernández, quien se alzaba con una ventaja de casi 17 puntos sobre su competidor más directo, el mismísimo presidente en ejercicio, Mauricio Macri.
Precisamente, antes de la medianoche, y con casi el 82% de las mesas escrutadas en las elecciones primarias, el candidato a presidente por el Frente de Todos obtenía el 47,10% de los votos, sobre el 32,47% del referente de Juntos por el Cambio, y el 8,41% de Roberto Lavagna.
Es por eso que aquella mañana de “lunes negro”, Sandleris esperaba una respuesta de un gobierno noquedado y maltrecho, una respuesta política que nunca obtuvo, porque no había respuestas en el plano político y mucho menos en el económico, y aunque muchos hablaran de un “plan B” en ejecución de cara al 27 de ocrubre, se sabía que en sus más íntimas conversaciones, los números de las PASO eran irremontables.

Un par de horas después, la debacle. Los mercados abrieron ese lunes a las 11 como todos los días y las operaciones bursátiles en la bolsa porteña cayeron un 38% en pesos y un 50% en moneda norteamericana, mientras que los bonos sufrieron una estrepitosa caída del 35% y el riesgo país superó los 2000 puntos básicos.
El tipo de cambio se disparó en la jornada un 19% y como efecto colateral, acumuló un alza del 36% en los próximos 20 días, motivado por la bicicleta financiera y la fuga de capitales que provocó la drástica caída de las reservas en dólares del BCRA.
Todo era caos. Caos político y económico. Caos político porque el gobierno no reaccionó ante el golpe electoral y la única voz que resonaba ante la verdad de los números, era la frase dicha por Mauricio Macri la noche anterior, enviando a dormir a sus seguidores, restándole importancia a la derrota.
Y caos económico, porque no había directivas para intervenir ante la escapada del dólar hasta que éste trepó de 46 a 67 pesos y el volumen de venta del Central lo obligó a retroceder a 57. Claro era que si se salía a pelear mano a mano con los especuladores, el daño habría sido mayor porque las flacas arcas del BCRA no habrían aguantado tanta presión.

El caos desatado ese “Lunes negro” tuvo siempre un origen, y ese origen fue directamente responsabilidad del presidente de turno, de Mauricio Macri, ya que el viernes anterior a las PASO un grupo de optimistas planificaba junto a él en Olivos, las estrategias políticas de cara a las elecciones generales de octubre y una eventual segunda vuelta.
Sucede que Marcos Peña, mantenía la esperanza de que Macri perdiera por pocos puntos las primarias, o que se diera el tan mentado “empate técnico” y sobre esa base, levantaba una estrategia para conseguir un segundo mandato, plan avalado por el presidente.
Sin embargo, no se dio el resultado decoroso que los optimistas del cambio esperaban y el mercado cambiario no se mantuvo calmo, sino que por el contrario, la abultada derrota en las urnas aceleró la corrida del tipo de cambio y sobrevinieron las restricciones cambiaria, esas mismas restricciones que habían sido demonizadas por Mauricio Macri en 2015 y las que liberó sólo para obtener rédito político que nunca alcanzó.

A esa altura de las circunstancias, la segunda presidencia era un objetivo inalcanzable y lo único que quedaba era mantener conectado a la vida a un gobierno que se moría e intentar sostener a un presidente que repetía hasta el cansancio que no había que darle importancia a los números de las PASO.
Alguien se encargaría de recordar la desafortunada frase de la calma y el daño que le podría ocasionar a la ciudadanía si actuaba con los devenires de la locura, pero qué frase más loca fue aquella noche de derrota, previa al lunes negro, que refería, “vayan a dormir” que mañana rompo todo.
