13 de septiembre de 2026

Desempleo récord en Gran Córdoba: trepó al 9,2% durante el primer trimestre de 2025

A casi dos años de la asunción de Javier Milei, los efectos del programa económico libertario se traducen con crudeza en el conurbano cordobés: el desempleo en el Gran Córdoba trepó al 9,2% durante el primer trimestre de 2025, el nivel más alto desde que el presidente asumió.

Ph: La Voz

Se trata de un incremento de 1,2 puntos porcentuales respecto del mismo período de 2024, que deja un saldo alarmante: más de 11 mil puestos de trabajo perdidos en una de las zonas industriales más emblemáticas del país.

La cifra, provista por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), adquiere mayor relevancia si se observa que la región se ha caracterizado históricamente por su dinamismo fabril y su peso en el mercado laboral. Hoy, sin embargo, el Gran Córdoba se convierte en símbolo del impacto social de un experimento económico que, lejos de “poner de pie al país”, está desmantelando las bases del trabajo formal en sus propios bastiones productivos.

El contraste entre la fidelidad política y la realidad social

Paradójicamente, esta región es una de las que más respaldo político ha dado al gobierno libertario. El gobernador Martín Llaryora ha actuado como un aliado funcional de Milei, acompañando las reformas estructurales propuestas desde la Casa Rosada, incluso en detrimento de la autonomía provincial. También lo han hecho con entusiasmo gran parte de los dirigentes del PRO y el radicalismo cordobés, quienes han optado por un alineamiento sin fisuras.

Sin embargo, ese apoyo incondicional no ha sido correspondido con soluciones concretas. La desindustrialización creciente, la parálisis de la obra pública, el ajuste en subsidios, y el congelamiento del crédito y la inversión productiva están devastando el entramado económico de la región. El “modelo Milei”, basado en la apertura irrestricta de importaciones, la licuación del salario y la desregulación total del mercado, está dejando a miles de cordobeses sin trabajo y sin horizonte.

Córdoba y Buenos Aires: polos industriales en retroceso

Gran Córdoba no es una excepción aislada. En el Gran Buenos Aires, otra región clave para la industria y el consumo interno, el desempleo también escaló al 9,1%. Estas dos zonas, que juntas concentran gran parte del aparato productivo argentino, están siendo golpeadas con mayor dureza que otras áreas del país. La coincidencia no es casual: el modelo económico libertario ha golpeado de lleno a la industria nacional, recortando su competitividad y anulando cualquier política activa que la sostenga.

Con caídas de la actividad superiores al 15% en algunos sectores manufactureros, cierres de pymes y despidos masivos, el relato oficial de la «recuperación por goteo» comienza a mostrar su límite: el deterioro social es más veloz que cualquier promesa de rebote futuro.

La paradoja de un “orden económico” que expulsa

El discurso libertario insiste en que el ajuste es el único camino hacia la prosperidad. Pero los datos muestran que, lejos de ordenar la economía, la está asfixiando. El ajuste fiscal a ultranza, la caída del consumo, el desmantelamiento de programas sociales y la desprotección del empleo no han dado como resultado un orden eficiente, sino una precariedad creciente y un empobrecimiento estructural.

El Gran Córdoba es hoy un laboratorio de esa política: una región que apoyó mayoritariamente a Milei, gobernada por aliados del oficialismo nacional, y sin embargo, castigada por las decisiones que emanan de Balcarce 50. Es un ejemplo claro de cómo la adhesión política no garantiza protección ante el impacto real del ajuste.

¿Hasta cuándo podrá sostenerse esta ecuación?

El gobierno nacional continúa proclamando una recuperación futura, prometida en base a indicadores macroeconómicos desconectados de la vida cotidiana. Pero mientras el déficit fiscal baja, el desempleo sube. Mientras se reducen transferencias a las provincias, se multiplican los cierres de fábricas. Y mientras se construye un relato épico sobre la “batalla contra la casta”, los trabajadores formales pierden sus empleos en silencio.

Si el rumbo no cambia, la pregunta deja de ser económica para volverse política: ¿cuánto tiempo más podrán sostener los gobernadores aliados —como Llaryora— este modelo sin pagar el costo social? ¿Cuánto durará la lealtad de los cordobeses frente a una economía que los expulsa de sus puestos de trabajo?

Lo que está en juego no es solo un índice de desempleo. Es la viabilidad de una estrategia económica que, con el argumento de “ordenar”, está dejando fuera del sistema a miles de argentinos. La Gran Córdoba, hoy, es su cara más elocuente.

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