De los Reyes Católicos a Gaza: historia y causas del distanciamiento entre España e Israel
Las llamadas a consultas de embajadores, las acusaciones de “apoyo al terrorismo” dirigidas a España y las denuncias por la situación humanitaria en Gaza han profundizado la brecha diplomática. No obstante, reducir esta crisis a un simple enfrentamiento ideológico entre la izquierda española y la derecha israelí sería una interpretación incompleta.

La relación entre España e Israel atraviesa un momento de gran tensión. Durante la reciente ofensiva en Gaza, el Gobierno de Pedro Sánchez fue uno de los más críticos con las acciones militares israelíes en el enclave.
Según Ignacio Molina, experto del Instituto Elcano y profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, la postura agresiva de Benjamin Netanyahu tiene raíces más profundas, personales y en la historia. En particular, su escepticismo hacia España tiene un origen familiar y académico ligado a la herencia de Benzion Netanyahu, su padre.
La influencia de Benzion Netanyahu: España como raíz del antisemitismo
Para comprender la postura del primer ministro israelí, es fundamental entender la influencia de su padre, el historiador Benzion Netanyahu. Su trabajo sobre la Inquisición española no es solo un análisis académico, sino la base de la visión ideológica de su hijo.
Benzion sostenía que la Inquisición no solo persiguió a los judíos por motivos religiosos, sino por un odio racial antisemita. Para él, la España de 1492 fue la verdadera precursora de las leyes racistas modernas. Al negar que los conversos siguieran practicando el judaísmo en secreto —tesis que difiere de otros historiadores—, Benzion culpaba no solo a la Iglesia, sino al Estado y al pueblo español.
Esta perspectiva ha llevado a Netanyahu a asociar el antisemitismo no solo con el nazismo, sino también con la historia de la España del siglo XV. Como señala Molina, en la visión de los Netanyahu, España simboliza que “el judío nunca está seguro”.
Esta percepción se ha manifestado en gestos diplomáticos con gran carga simbólica. En 2013, durante la presidencia de Mariano Rajoy, Netanyahu entregó al Papa Francisco un ejemplar de la obra de Benzion sobre la Inquisición, con un mensaje implícito: la intolerancia forma parte intrínseca de la historia española.
Incluso su hijo, Yair Netanyahu, ha heredado esta visión crítica, llegando a sugerir en 2019 que los musulmanes deberían “liberar” Ceuta y Melilla, comentario que fue duramente criticado por líderes como Santiago Abascal de Vox.
El conflicto con el gobierno de Pedro Sánchez: un factor catalizador
Aunque estos prejuicios tienen raíces antiguas, la gestión del gobierno de Pedro Sánchez ha servido como un catalizador. La postura de Madrid en favor del reconocimiento del Estado de Palestina y las críticas a la operación militar en Gaza, así como a la crisis en Irán, han permitido a Netanyahu convertir su visión histórica en una estrategia política.
Al señalar a España como un “eslabón débil” y un posible “caballo de Troya” de Occidente, Netanyahu moviliza a su base electoral contra un enemigo externo que, en su percepción, ya era hostil antes de que Sánchez llegara al poder.
No obstante, el análisis de Molina advierte contra las interpretaciones simplistas. Reducir a España a un país que en el pasado tuvo actitudes antisemitas es tan injusto como reducir a Israel a una sociedad que odia a los palestinos. Ambas sociedades son complejas y variadas, y sus gobiernos no representan toda su realidad.
La crisis actual refleja la pérdida de una diplomacia constructiva. Hace unos años, figuras como Samuel Haddas, el primer embajador de Israel en España y descendiente sefardí, promovieron un acercamiento basado en la historia común y el diálogo, en lugar del reproche.
¿El fin de la relación diplomática?
El escenario actual, marcado por la interrupción de los canales diplomáticos y la desconfianza mutua, deja a ambos países en una situación peligrosa. Mientras el gobierno de Sánchez mantiene una posición basada en el Derecho Internacional, en Jerusalén parece existir una percepción de rechazo hacia España que va más allá de lo político, tocando aspectos casi biográficos.
En el contexto internacional, aún hay esperanza de que resurjan mejores relaciones, recuperando esa diplomacia de altura que supo distinguir entre las diferencias pasajeras de los gobiernos y los lazos profundos entre las culturas.
