Dabra cierra su fábrica en Catamarca y reemplaza producción nacional por importaciones
La crisis que atraviesa la industria del calzado argentino volvió a mostrar una señal preocupante en el interior del país. El Grupo Dabra, uno de los principales actores del negocio deportivo y propietario de cadenas como Dexter, Stock Center, Moov y Netshoes, decidió cerrar de manera definitiva su planta de Sumalao, en Catamarca, y abandonar la fabricación local de productos de la marca Lotto para pasar a abastecerse con importaciones provenientes de Brasil.

La decisión dejó a 23 trabajadores sin empleo y expuso un cambio profundo en la estrategia empresarial del holding, que dejará atrás su perfil industrial para concentrarse exclusivamente en la comercialización y distribución de productos importados.
El cierre no sólo implica la pérdida de puestos laborales directos, sino también un nuevo retroceso para las economías regionales que durante años sostuvieron actividad manufacturera vinculada al calzado.
El conflicto estalló cuando los operarios llegaron a la planta y encontraron las instalaciones cerradas sin previo aviso, una situación que derivó en reclamos sindicales y en la intervención de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado (UTICRA). Tras negociaciones con participación del Ministerio de Trabajo provincial, se alcanzó un acuerdo para el pago escalonado de indemnizaciones, aunque el desenlace no logró disimular el impacto social y productivo que deja el cierre en la región.
Desde la empresa justificaron la medida en la imposibilidad de sostener márgenes de rentabilidad en el actual escenario económico. Entre los factores mencionados aparecen la caída del consumo, los costos operativos, las dificultades para producir en el país y la creciente apertura de importaciones. Bajo esa lógica, el grupo resolvió desmantelar su estructura fabril para avanzar hacia un esquema más flexible y menos costoso, basado en la importación directa de calzado terminado desde Brasil.
La decisión refleja una tendencia que comienza a repetirse en distintos sectores industriales: empresas que históricamente producían en el país optan por abandonar la fabricación nacional para transformarse en operadores comerciales y logísticos. El fenómeno preocupa especialmente en provincias del interior, donde la pérdida de una planta implica no sólo desempleo directo, sino también el deterioro de cadenas de proveedores, talleres y economías locales vinculadas a la actividad.
En el sector sindical advierten que el caso Dabra representa un nuevo capítulo del proceso de desindustrialización que afecta a varias ramas manufactureras argentinas. La combinación entre caída del mercado interno, costos elevados y mayor competencia externa está empujando a muchas compañías a redefinir su modelo de negocios, priorizando la importación sobre la producción nacional.
El cierre de la planta de Sumalao deja así una señal de alerta sobre el futuro de la industria del calzado y sobre el impacto que pueden tener las nuevas condiciones económicas en el entramado productivo del interior argentino. Mientras las empresas buscan reducir costos y ganar competitividad, crece el interrogante sobre quién absorberá el costo social y laboral de una economía cada vez más orientada al consumo de bienes importados.
