3 de septiembre de 2026

Crece la tensión en Medio Oriente: Irán Ataco bases de Estados Unidos en Jordania

El control del estrecho de Ormuz, la presencia militar estadounidense en Medio Oriente y la capacidad de Irán para responder fuera de sus fronteras mantienen abierta la posibilidad de nuevas escaladas.

Foto Archivo

La guerra entre Estados Unidos e Irán volvió a entrar en una fase de mayor tensión después de que Washington retomara los ataques directos contra territorio iraní y Teherán respondiera con una ofensiva contra instalaciones militares estadounidenses en Jordania.

La Guardia Revolucionaria iraní aseguró que lanzó misiles balísticos contra dos bases aéreas estadounidenses ubicadas en territorio jordano, país aliado de Washington. Según la versión difundida por Teherán, los ataques provocaron importantes daños. Poco después, las autoridades militares de Jordania informaron que sus sistemas de defensa habían interceptado ocho misiles, aunque no especificaron quién los había lanzado.

El intercambio representa una nueva escalada en un conflicto que ya lleva seis meses y que, durante las últimas semanas, había mostrado una reducción relativa de las operaciones militares directas.

La respuesta iraní se produjo después de que Estados Unidos reconociera haber realizado nuevos bombardeos contra posiciones de la Guardia Revolucionaria en la isla de Larak, ubicada en el estratégico estrecho de Ormuz.

Según el Gobierno estadounidense, la operación tuvo como objetivo instalaciones y lanzacohetes utilizados por fuerzas iraníes que Washington considera una amenaza para la navegación internacional. La ofensiva buscó impedir que Teherán volviera a colocar minas navales en una de las rutas marítimas más importantes para el comercio energético mundial.

El Mando Central estadounidense describió la operación como una acción «limitada y precisa» destinada a neutralizar una amenaza considerada inminente para el tráfico marítimo.

Para Irán, en cambio, los bombardeos constituyeron una nueva agresión y provocaron víctimas entre sus fuerzas. La Guardia Revolucionaria justificó el posterior ataque contra Jordania como una represalia directa frente a la ofensiva estadounidense, a la que calificó como parte de una acción «estadounidense-sionista».

El nuevo enfrentamiento tiene como telón de fondo el estrecho de Ormuz, un corredor marítimo fundamental para el mercado energético internacional.

Antes del inicio de la guerra, por esa vía transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Desde el comienzo del conflicto, Irán ha restringido de hecho el tránsito por la zona, generando preocupación entre los países consumidores y aumentando la presión sobre Washington para garantizar la seguridad de las rutas marítimas.

El episodio adquiere especial importancia porque Estados Unidos había anunciado pocos días antes la finalización de una operación de desminado en el estrecho. El posterior ataque sobre Larak demuestra que, pese a esas tareas, Washington considera que persiste la capacidad iraní para amenazar la navegación.

La ofensiva estadounidense también marca un cambio respecto de la estrategia predominante durante las últimas semanas.
La administración de Donald Trump había concentrado buena parte de sus esfuerzos en incrementar la presión económica sobre Teherán, en un intento por debilitar su capacidad financiera y militar sin ampliar de manera significativa las operaciones directas.
Sin embargo, la decisión de volver a bombardear posiciones iraníes muestra que la opción militar continúa sobre la mesa cuando Washington interpreta que sus intereses estratégicos están amenazados.

La situación supone un desafío para la Casa Blanca: una guerra que inicialmente fue planteada como una operación de duración limitada se ha extendido durante medio año y continúa sin un horizonte claro de resolución.
Un conflicto con riesgo de expansión regional

El ataque iraní contra instalaciones estadounidenses en Jordania agrega además un nuevo escenario al conflicto. Jordania es un aliado estratégico de Washington y su participación, aunque sea indirecta, aumenta los riesgos de que las hostilidades terminen involucrando a más países de la región.

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