“Cluacas”, pobreza y un celular: Juliana Santillán, la diputada que desborda ignorancia pero jamás duda
La diputada libertaria Juliana Santillán volvió a protagonizar una escena digna de archivo, esta vez combinando desinformación, errores de comprensión básica y una joya ortográfica que ya quedó inmortalizada en las redes sociales: «cluacas», en vez de «cloacas».

Todo comenzó cuando intentó desmentir al gobernador Axel Kicillof sobre obras públicas en Almirante Brown. El mandatario bonaerense destacó la finalización del Viaducto Papa Francisco, una obra largamente esperada en el sur del conurbano. Santillán, indignada y con el dedo justiciero listo para twittear, respondió: “58.6% de los hogares en Almirante Brown NO TIENEN CLUACAS. En Ezeiza el 64.3%, Florencio Varela 52.3%… seguí viviendo en un termo, Kicillof”.
Sí, escribió «cluacas». Quizás en la misma tecla del teclado donde Milei guarda su plan de dolarización, Santillán tiene escondido su diccionario personal, uno donde las reglas ortográficas compiten con las matemáticas de la canasta básica por quién sufre más maltrato.
Pero la diputada no se detuvo ahí. Días antes ya había expuesto su confusión en vivo y en directo en los estudios de TN, durante una discusión con médicas residentes del Hospital Garrahan, quienes reclamaban salarios dignos. Con celular en mano, como si portara la Verdad Revelada, Santillán se empecinó en que la canasta básica total para una familia tipo era de 360 mil pesos.
“¡Lo dice el INDEC! ¡Lo tengo acá en el celu! ¡360 mil pesos!”, afirmó, con la vehemencia de quien confunde una captura de pantalla con un doctorado en economía.

La corrección no tardó. El economista Martín Redrado, visiblemente incómodo, aclaró que el valor citado era para una sola persona, y que una familia tipo necesitaba más de 1.1 millones de pesos para no caer en la pobreza. Pero Santillán no se inmutó. Al contrario, redobló la apuesta: “Bueno, era el dato que dijo la chica… ella vive sola. Creo que hay mucha carga política”, deslizó, como si sus propias burradas no bastaran como contenido político explosivo.
Peor aún, horas después insistió en X (antes Twitter), compartiendo la captura del informe del INDEC… que claramente mostraba el dato que la desmentía. El broche de oro fue la reacción presidencial: Javier Milei retuiteó el posteo, convirtiendo la desinformación en política de Estado y, de paso, aprovechó para atacar nuevamente al periodismo.
La diputada Santillán parece empeñada en demostrar que no hace falta saber leer ni escribir para llegar al Congreso, solo se necesita una cuenta de X, una fe ciega en la posverdad y una conexión Wi-Fi estable. Mientras tanto, las “cluacas” siguen esperando ser conectadas. Como la lógica en los discursos libertarios.
