Citroën deja de fabricar autos en la Argentina: 400 empleos en riesgo y dependencia de importaciones
Con este nuevo movimiento de Citroën, la industria automotriz argentina suma otro episodio de ajuste productivo en medio de un contexto económico recesivo, marcado por caída del consumo, pérdida de empleo y creciente incertidumbre sobre el futuro de uno de los sectores históricamente más importantes de la economía nacional.

La decisión de Citroën de dejar de fabricar vehículos en la Argentina expone con crudeza el proceso de retracción que atraviesa la industria automotriz nacional y vuelve a poner en debate el modelo productivo que comienza a consolidarse en el país: menos fabricación local, más importaciones y una creciente fragilidad del empleo industrial.
La automotriz francesa resolvió finalizar la producción en la planta de El Palomar, donde se fabricaban la Berlingo y la Peugeot Partner, dos utilitarios que durante años representaron una parte estable del entramado industrial automotor argentino.
A partir de ahora, esos modelos serán reemplazados por unidades importadas desde Europa y otros mercados regionales, mientras Stellantis reorganiza su estrategia productiva concentrando operaciones en Brasil y Uruguay.
La medida no sólo implica el cierre de una línea histórica de producción, sino también un nuevo ajuste sobre el empleo. La empresa ya comenzó a ofrecer retiros voluntarios y cerca de 400 contratos laborales podrían no renovarse en las próximas semanas. El escenario refleja una dinámica cada vez más frecuente en la industria: reducción de turnos, suspensiones y achicamiento de personal como respuesta a la caída del consumo y al debilitamiento del mercado interno.
En términos industriales, la salida de Citroën de la fabricación local representa mucho más que una decisión empresarial puntual. Expone las dificultades estructurales que enfrenta la producción argentina para competir dentro de un esquema económico cada vez más abierto a las importaciones y con menores incentivos para sostener cadenas de valor nacionales.
La planta de El Palomar quedará ahora limitada a la producción de los Peugeot 208 y 2008, aunque en el sector existe preocupación sobre la continuidad de los niveles de actividad en un contexto donde las terminales automotrices ajustan producción mientras crece el ingreso de vehículos fabricados en el exterior.
El impacto trasciende a los trabajadores directos de la automotriz. La reducción de producción afecta también a proveedores autopartistas, talleres y pequeñas empresas vinculadas a la cadena industrial, un entramado que históricamente funcionó como uno de los principales motores del empleo manufacturero argentino.
La estrategia regional de Stellantis evidencia además un cambio profundo en la lógica de negocios de las terminales internacionales: Brasil gana centralidad como polo de producción regional, mientras Argentina queda crecientemente relegada al rol de mercado consumidor de vehículos importados.
En paralelo, el avance de acuerdos comerciales que reducen aranceles para unidades extranjeras acelera esa transformación. La reciente llegada de modelos europeos de Citroën con menores costos de importación refuerza un escenario donde las automotrices encuentran más rentable importar que producir localmente.
El caso resulta particularmente simbólico porque las utilitarias fabricadas en El Palomar habían logrado sostener niveles relativamente estables de demanda incluso en períodos de crisis económica. Que incluso esos segmentos comiencen a abandonar la producción nacional refleja la profundidad del deterioro que atraviesa el mercado interno.
La situación también vuelve a abrir interrogantes sobre la ausencia de una política industrial de largo plazo. Mientras otros países de la región fortalecen incentivos para atraer inversiones y proteger cadenas productivas estratégicas, la Argentina enfrenta un proceso de desindustrialización gradual donde las terminales reducen integración local y priorizan esquemas comerciales basados en importaciones.
