21 de enero de 2026

Cencosud ajusta su presencia en Argentina: menos locales, más despidos y un síntoma profundo de la crisis del consumo

Cada persiana que se baja no solo refleja una decisión corporativa, sino el impacto concreto de una crisis que golpea con más fuerza a los trabajadores y a las economías regionales. La incógnita ya no es si habrá más cierres, sino cuán profundo será el daño social antes de que el consumo y el empleo encuentren un piso de estabilidad.

La decisión del grupo chileno Cencosud de cerrar locales de Vea, Easy y Blaisten en Argentina va más allá de una simple reestructuración empresarial: funciona como un termómetro preciso del deterioro económico y social que atraviesa el país.

En los últimos dos años, la compañía enfrentó una caída de ventas cercana al 50%, un dato que explica el repliegue, pero que también expone el colapso del consumo interno y la pérdida de poder adquisitivo de amplios sectores de la población.

El ajuste no es menor. Tras abandonar la posibilidad de expandirse mediante la compra de activos de Carrefour, Cencosud optó por achicar su red comercial, priorizando la rentabilidad por sobre la presencia territorial.

El cierre de sucursales en provincias como Buenos Aires, Tucumán, Mendoza, San Juan o Catamarca deja al descubierto una estrategia defensiva: concentrarse en formatos y marcas consideradas “más eficientes”, aun cuando eso implique un fuerte impacto en el empleo.

Detrás de los balances, el costo social es evidente. Decenas de trabajadores quedaron sin empleo o enfrentan la incertidumbre de traslados forzados. Los sindicatos alertan que, si bien la empresa ofrece retiros voluntarios o reubicaciones, estas alternativas son desiguales y, en muchos casos, inviables para quienes viven en el interior del país.

Las distancias, las responsabilidades familiares y la escasez de vacantes convierten esas opciones en soluciones más teóricas que reales.

El contraste también es estructural: los empleados jerárquicos suelen encontrar mayores oportunidades de relocalización, mientras que los trabajadores bajo convenio —la mayoría— quedan expuestos a despidos o a aceptar condiciones que deterioran su calidad de vida. Esta asimetría profundiza la precarización laboral en un sector históricamente sensible a los vaivenes económicos.

La empresa justifica los cierres en la baja rentabilidad y en el aumento de costos, como los alquileres comerciales, que en algunos casos se duplicaron en términos nominales. Sin embargo, el problema de fondo es más amplio. El derrumbe del consumo masivo, confirmado por informes que muestran caídas sostenidas en supermercados y mayoristas, revela que el mercado interno dejó de ser un motor confiable para grandes cadenas.

El cierre del histórico Blaisten de San Justo, tras más de 35 años de actividad, sintetiza el momento actual: no solo desaparece un local, sino un símbolo de estabilidad comercial y empleo. Lo mismo ocurre con Easy y Vea en distintas localidades, donde los supermercados cumplían también un rol social y económico clave.

Aunque desde el sector empresario insisten en que no se trata de una retirada total del país, sino de una “reconfiguración”, el patrón es claro: menos presencia, menos empleo y mayor concentración. En un contexto sin señales claras de recuperación, el repliegue de Cencosud no parece una excepción, sino parte de un proceso más amplio de contracción del comercio.

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