3 de octubre de 2026

Caputo culpó el desplome de la actividad a las lluvias, la nieve y el Mundial, mientras crecen las dudas sobre la recuperación

Mientras el Gobierno sostiene que los retrocesos responden en buena medida a factores transitorios y reivindica la trayectoria general del programa económico, los indicadores de industria, comercio y construcción muestran que la recuperación todavía no alcanza de manera homogénea al conjunto de la economía.

El dato difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) volvió a poner bajo presión al Gobierno de Javier Milei. La actividad económica registró en julio una caída del 2,9% respecto de junio, la mayor contracción mensual desde los meses más críticos de la pandemia. En la comparación interanual, el retroceso fue del 1,4%.

Frente a estas cifras, el ministro de Economía, Luis Caputo, buscó relativizar el impacto del resultado y atribuyó parte de la caída a una serie de factores que calificó como “shocks transitorios”.

Entre ellos mencionó las condiciones climáticas, la menor disponibilidad de gas y hasta la reducción de horas trabajadas en algunos sectores durante el Mundial de Fútbol.

A través de una publicación en su cuenta de X, Caputo destacó que la actividad acumulada durante los primeros siete meses del año todavía se encuentra por encima del mismo período de 2025. También remarcó que el indicador tendencia-ciclo registró en julio una mejora del 0,2% y alcanzó, según su interpretación, un nuevo máximo histórico.

Sin embargo, el dato mensual del EMAE introduce una señal difícil de compatibilizar con el discurso oficial de recuperación sostenida. El retroceso de julio no sólo fue significativo por su magnitud, sino que además prácticamente neutralizó el crecimiento del 0,3% registrado en junio.

En su explicación, Caputo señaló que las mayores lluvias y nevadas respecto de los promedios históricos habrían afectado a la construcción, la minería y algunos servicios. También mencionó la menor disponibilidad de gas como un factor que impactó sobre la industria manufacturera y vinculó el Mundial con una reducción de las horas trabajadas en determinados sectores.

El problema para el Gobierno es que los números no muestran un deterioro concentrado exclusivamente en actividades afectadas por circunstancias puntuales. Los sectores más vinculados al consumo interno continúan mostrando dificultades: en términos interanuales, el comercio cayó 5,1%, la industria 4,6% y la construcción 3,3%.

El contraste resulta significativo. Mientras la cosecha, la minería y la producción petrolera aportan algunos de los principales motores de la actividad, buena parte de la economía que depende del mercado interno todavía no logra consolidar una recuperación.

La pérdida de poder adquisitivo, la debilidad del consumo y una recuperación todavía moderada del crédito condicionan la posibilidad de una expansión más generalizada.

La magnitud de la caída de julio también abrió interrogantes sobre el desempeño del tercer trimestre.

Para evitar una nueva contracción respecto del período anterior, la economía debería mostrar una recuperación importante durante agosto y septiembre. Aunque técnicamente posible, ese escenario enfrenta el límite de una demanda interna que permanece debilitada.

Si el tercer trimestre finalmente vuelve a mostrar una contracción, la economía argentina podría ingresar en una recesión técnica, definida habitualmente como dos trimestres consecutivos de caída de la actividad en términos desestacionalizados.

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