CABA: una pyme por día entra en concurso de acreedores
Según un informe difundido por Industriales Pymes Argentinos (IPA), durante los últimos meses se consolidó una tendencia que ya supera incluso los peores registros de la pandemia: actualmente, en territorio porteño, una pyme inicia un proceso concursal prácticamente cada día.

La cantidad de pequeñas y medianas empresas que recurren al concurso preventivo de acreedores en la Ciudad de Buenos Aires refleja un escenario de creciente fragilidad productiva.
El relevamiento muestra un fuerte incremento de empresas que buscan protección judicial para evitar la quiebra, en medio de una combinación de caída del consumo, aumento de costos y dificultades para sostener la actividad.
Mientras en 2023 se registraron 82 concursos preventivos, en 2025 la cifra trepó a 190, y solo entre febrero y abril de 2026 ya se contabilizaron 92 presentaciones. De mantenerse esta dinámica, el año podría cerrar con entre 350 y 400 empresas concursadas únicamente en la Ciudad de Buenos Aires.
El dato adquiere mayor relevancia al compararse con el contexto de la pandemia. Ni siquiera durante los momentos más críticos de la emergencia sanitaria se había alcanzado semejante volumen de compañías en crisis financiera. Para el sector empresario, esto evidencia que el deterioro actual responde menos a un fenómeno coyuntural y más a un problema estructural vinculado al funcionamiento de la economía.
Desde IPA sostienen que el escenario es consecuencia de un modelo económico que combina retracción del mercado interno, caída de ventas, aumento de tarifas y mayores costos operativos. Según la entidad, muchas empresas quedaron atrapadas entre un consumo deprimido y gastos crecientes, sin margen de rentabilidad ni acceso a financiamiento que les permita sostener la producción.
La preocupación no se limita a las pymes más pequeñas. El informe advierte sobre un proceso más amplio de reconversión y desindustrialización, en el que firmas medianas y grandes comienzan a abandonar la producción local para orientarse a la importación y comercialización de bienes terminados. Este cambio de matriz impacta de manera directa sobre la cadena de proveedores nacionales, mayoritariamente compuesta por pymes, y genera pérdida de empleo formal y especializado.
El concurso preventivo, herramienta legal diseñada para evitar quiebras definitivas y ordenar pasivos financieros, aparece cada vez más como un recurso de supervivencia antes que como una instancia excepcional. Detrás de cada presentación judicial no solo hay una empresa en dificultades, sino también puestos de trabajo en riesgo y una red de actividad económica que se debilita.
En ese contexto, IPA impulsa en el Congreso una ley de salvataje pyme y reclama medidas urgentes para el sector productivo. La entidad sostiene que cualquier alivio parcial será insuficiente mientras persista un escenario de contracción económica que afecta el consumo, paraliza inversiones y reduce la capacidad de funcionamiento de la industria nacional.
La evolución de los concursos preventivos en CABA comienza así a consolidarse como uno de los indicadores más visibles del deterioro de la economía real. Más allá de los datos macroeconómicos oficiales, el crecimiento de empresas que no logran cumplir con sus obligaciones financieras refleja las dificultades que atraviesa el entramado productivo urbano y abre interrogantes sobre la sostenibilidad del actual esquema económico para el sector pyme.
