Boicot libertario a Unilever y Molinos: Un déjà vu del kirchnerismo, ahora desde el oficialismo
Sectores libertarios alineados con el Gobierno lanzaron en redes sociales un boicot contra las empresas alimenticias Unilever y Molinos, acusándolas de remarcar precios y generar tensión en el consumo.

La campaña, impulsada por cuentas afines al oficialismo digital y replicada por seguidores de Javier Milei, remite inevitablemente a una escena del pasado: el histórico enfrentamiento del kirchnerismo con Shell en 2005, cuando Néstor Kirchner llamó a no cargar nafta en la petrolera por haber subido los precios.
Ahora, con los roles invertidos, son los libertarios quienes recurren a tácticas de presión pública para disciplinar a grandes empresas, en medio de una economía en tensión por la inflación persistente y la caída del consumo.
El rol de los “trolls” libertarios
La movida fue impulsada por varias cuentas influyentes en X (ex Twitter), muchas de ellas vinculadas a la órbita del consultor Santiago Caputo, considerado el estratega comunicacional del Gobierno. Entre los más activos, se encuentran usuarios como «El Trumpista» y «Agarrá la Pala», quienes promovieron listas de marcas a evitar, llamando directamente a no comprar productos de esas compañías.
“Molinos y Unilever, hasta que no bajen los precios, no compramos”, fue una de las frases que circuló con mayor fuerza. En otro mensaje, El Trumpista escribió sin filtros: “No compren productos de Unilever y Molinos por chupa pijas”, acompañado de imágenes de marcas populares como Hellmann’s, Lucchetti, Arcor y Knorr, entre otras.
El detonante del conflicto fue una advertencia pública del ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, quien en los últimos días acusó a empresas proveedoras de no colaborar con el proceso de desinflación, e incluso apoyó a supermercados que habrían rechazado listas de precios con aumentos.
Este respaldo oficial parece haber sido la señal para que el ejército digital libertario saliera a presionar en redes sociales, como herramienta informal —pero efectiva— de disciplinamiento.
¿Libertarios intervencionistas?
El episodio genera un inevitable contrapunto ideológico. Mientras el discurso oficial se sostiene sobre la libertad de mercado y la no intervención estatal, la práctica muestra una estrategia de presión directa hacia empresas, a través de canales no formales, pero con claro respaldo desde el corazón del poder.
La paradoja no pasó desapercibida. En redes, usuarios de distintos sectores señalaron la contradicción entre la prédica antiestatista del Gobierno y el uso de campañas públicas para influir en decisiones privadas.
A veinte años del histórico boicot kirchnerista a Shell, el escenario se invierte: los autoproclamados defensores del libre mercado ahora utilizan tácticas de apriete para controlar precios, un terreno que tradicionalmente rechazaron. La historia, como suele suceder en la política argentina, no se repite, pero rima.
