31 de enero de 2026

Alerta por posible choque histórico: un asteroide podría impactar la Luna con una energía sin precedentes

Si bien los últimos análisis descartaron un impacto directo contra la Tierra, nuevas proyecciones indican que la Luna podría convertirse en su objetivo el 22 de diciembre de 2032.

La atención de la comunidad científica internacional está centrada en el asteroide 2024 YR4, un cuerpo rocoso de aproximadamente 60 metros de diámetro que encabeza actualmente los registros de seguimiento por su potencial riesgo.

Según los cálculos más recientes, elaborados a partir de observaciones realizadas por el Telescopio Espacial James Webb durante 2025, el asteroide presenta una probabilidad cercana al 4% de colisionar con el satélite natural. De concretarse, el choque liberaría una energía estimada en 6,5 megatones, suficiente para generar un cráter de alrededor de un kilómetro de diámetro y marcar el impacto lunar más potente jamás observado por la humanidad.

Aunque el tamaño del 2024 YR4 —comparable al de un edificio de quince pisos— no implica un riesgo catastrófico a escala planetaria, el fenómeno tendría efectos visibles y llamativos desde la Tierra. Los especialistas anticipan un destello luminoso perceptible a simple vista, producto de la liberación súbita de energía en la superficie lunar.

El impacto también expulsaría al espacio cerca de 100 millones de kilogramos de material lunar. Parte de esos fragmentos podría ser atraída por la gravedad terrestre, ingresando en la atmósfera y originando una inusual lluvia de meteoros compuesta por restos de la propia Luna, un evento sin antecedentes documentados.

En términos de clasificación, el 2024 YR4 ocupa el nivel más alto dentro de la escala de riesgo de la NASA para objetos cercanos a la Tierra (NEO). Su probabilidad de impacto supera incluso la que llegó a registrarse para el asteroide Apophis en 2004, cuando alcanzó un 2,7% antes de que se descartara cualquier colisión.

Más allá del riesgo, los científicos subrayan que el episodio representaría una oportunidad excepcional para la investigación espacial. La posible caída de fragmentos lunares en la Tierra permitiría analizar directamente muestras de la corteza del satélite sin necesidad de misiones tripuladas o robóticas.

Sin embargo, las certezas definitivas deberán esperar: recién en 2028 el asteroide volverá a ubicarse en una posición favorable para nuevas observaciones desde telescopios terrestres, clave para afinar los cálculos de su trayectoria.

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