Alarma sanitaria: ya son 34 los muertos por el fentanilo contaminado
El escándalo por el fentanilo contaminado producido por el laboratorio HLB Pharma sumó este martes una nueva víctima fatal, elevando a 34 el número de fallecidos por el uso de este potente analgésico adulterado.

La última muerte corresponde a un hombre oriundo de Balcarce, que habría recibido una dosis del fármaco antes de que se retiraran los lotes sospechosos del mercado. El caso fue denunciado por el Hospital Público local y confirmado por la fiscalía de Mar del Plata, encabezada por Rodolfo Moure.
Con este nuevo fallecimiento, la tragedia sanitaria entra en una fase crítica que expone fallas graves en los controles farmacológicos, en la trazabilidad de medicamentos y en la capacidad de respuesta del sistema sanitario.
El Ministerio de Salud informó que ya son 69 los casos sospechosos, 54 confirmados y 34 los fallecidos por la administración de fentanilo contaminado con bacterias como Ralstonia pickettii y Klebsiella pneumoniae. Estas cepas, altamente peligrosas, pueden provocar infecciones letales y resistencia a antibióticos, agravando el pronóstico de pacientes hospitalizados.
El uso de fentanilo como analgésico en procedimientos quirúrgicos o de cuidados intensivos es habitual, pero la falta de control sobre su calidad pone en evidencia una debilidad estructural del sistema regulatorio.
El Instituto Malbrán confirmó que las bacterias halladas en los cuerpos de pacientes coinciden con las presentes en ampollas de un lote de HLB Pharma, lo que motivó que la ANMAT prohibiera su uso el pasado 13 de mayo. Sin embargo, la medida llegó tarde para decenas de pacientes que ya habían sido expuestos al producto.
El juez federal Ernesto Kreplak, a cargo de la causa, ordenó a las autoridades sanitarias de todas las provincias que remitan información detallada sobre pacientes que hayan recibido fentanilo en los últimos meses, en un intento por dimensionar el verdadero alcance de la contaminación. La medida apunta no solo a frenar el brote, sino también a evitar que nuevas víctimas sigan engrosando una lista que, al ritmo de los reportes, podría seguir creciendo.
Este caso refleja con crudeza la fragilidad de los mecanismos de vigilancia sanitaria y plantea interrogantes inquietantes: ¿cómo es posible que un medicamento contaminado llegue a tantos hospitales sin ser detectado a tiempo?, ¿qué controles fallaron —o se omitieron— durante su producción y distribución?, ¿existe una responsabilidad compartida entre los laboratorios productores, los centros de salud y los organismos reguladores?
Más allá de las responsabilidades penales, que deberán determinarse en el marco de la investigación judicial, lo cierto es que este escándalo compromete a todos los eslabones del sistema de salud pública. La ciudadanía exige respuestas, y sobre todo, garantías de que una situación semejante no volverá a repetirse. El costo de la negligencia, en este caso, ha sido demasiado alto: decenas de muertes evitables y una confianza social quebrada.
Mientras tanto, crece la expectativa por una posible ampliación del número de casos en otras jurisdicciones. El fentanilo contaminado podría ser solo la punta de un iceberg más profundo: el de un sistema de control de medicamentos que necesita una revisión urgente, transparente y contundente. Porque detrás de cada ampolla mal controlada, hay una vida en riesgo. Y hoy, ya son 34 las que se apagaron.
