Agustín Salvia: «El ajuste se hizo a un ritmo muy acelerado y con alto costo inmediato»
El informe de la UCA es un reflejo claro de la complejidad de la situación económica y social de Argentina. Si bien las cifras muestran una mejora relativa en algunos indicadores, los efectos de la inflación, la informalidad y el costo de los servicios básicos siguen impactando de manera negativa en los hogares más pobres. En este contexto, las políticas de ajuste aplicadas por el gobierno de Milei, implicaron un alto costo social.

La pobreza en Argentina se mantiene como una de las principales preocupaciones sociales del país, afectando a casi la mitad de la población. El informe reciente del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA), dirigido por Agustín Salvia, refleja la persistencia de la crisis económica, aunque también apunta a ciertos signos de alivio.
Durante la presentación de los últimos datos, Salvia sostuvo que los efectos negativos sobre la población no solo responden a las políticas de ajuste implementadas por el gobierno de Javier Milei, sino también al agotamiento de un ciclo económico que lleva más de 20 años.
El ajuste y su costo social
El académico se refirió a las políticas de ajuste como necesarias, pero advirtió que se implementaron a un ritmo muy acelerado, lo que conllevó altos costos inmediatos para la sociedad. En sus palabras, «lo que estamos sufriendo hoy no es sólo el efecto de una política de ajuste, sino el agotamiento de un ciclo económico que tiene más de 20 años». Según Salvia, aunque estas medidas eran, en cierta medida, ineludibles, el impacto regresivo que provocaron fue menor al que se esperaba, si bien no dejó de ser doloroso para los sectores más vulnerables.
El contexto es clave para entender la situación actual: el país lleva años luchando contra una alta inflación, un desempleo estructural y una creciente informalidad laboral. En este escenario, las políticas implementadas por el nuevo gobierno de Javier Milei, orientadas a la reducción del déficit fiscal y la disciplina monetaria, buscan estabilizar la economía, pero no han logrado aliviar de manera significativa las dificultades cotidianas de amplios sectores de la sociedad.
La pobreza y su relación con el consumo
Uno de los puntos centrales del informe es la constatación de que, a pesar de la disminución de la pobreza en términos relativos, no se observa una mejora en los niveles de consumo de los hogares. Salvia explicó que la baja de la pobreza no se traduce en un incremento del consumo debido a que hay un aumento del gasto en servicios, que consume una proporción creciente del ingreso de los hogares. «Aunque los números muestran una baja de la pobreza, eso no se refleja en mayores niveles de consumo, ya que el gasto en servicios básicos ha crecido considerablemente», indicó.
Este fenómeno se debe a la suba de tarifas de los servicios públicos, que, junto con el aumento de la inflación, afecta principalmente a las familias de menores recursos. En muchos casos, la mejora en los índices de pobreza no se traduce en una mejora palpable en la calidad de vida de las personas, que siguen luchando para cubrir necesidades básicas como alimentación, vivienda y salud.
El impacto de la inflación y el empleo
El informe también aborda dos de los temas más candentes en la economía argentina: la inflación y el empleo. Según los datos del ODSA, la inflación ha mostrado signos de desaceleración, un dato alentador en medio de la crisis, pero que aún no se refleja en una mejora significativa en el poder adquisitivo de los trabajadores. Salvia destacó que, si bien la caída de la inflación es un avance, «no ha caído el empleo», aunque sí creció la informalidad. Este es otro de los grandes desafíos del país, ya que, si bien los números de empleo pueden parecer estables, una porción creciente de los trabajadores está fuera del sistema formal, con salarios más bajos y menos acceso a derechos laborales.
El impacto de la informalidad es profundo: el trabajo no registrado en el país afecta a una porción importante de la población activa, lo que a su vez contribuye a la precarización laboral y a la persistencia de las desigualdades sociales. Salvia señaló que el empleo sigue siendo una fuente de ingresos para muchos, pero la informalidad ha crecido, lo que implica una menor protección social y un acceso limitado a beneficios como la seguridad social, la salud y la jubilación.
¿Una solución a largo plazo?
La pregunta que queda en el aire es cómo puede Argentina salir de este ciclo económico, que parece estar atrapado entre la necesidad de ajuste y los efectos sociales de las políticas implementadas. Salvia es claro: no hay soluciones rápidas ni fáciles, y el país debe enfrentar una reforma estructural profunda que contemple tanto la estabilización de la economía como la protección de los sectores más vulnerables.
«Lo que se necesita es un plan económico que no solo apunte a la reducción del déficit fiscal y el control de la inflación, sino que también tome en cuenta la creación de empleo de calidad, el acceso a la educación y a los servicios básicos, y una distribución más equitativa de la riqueza», explicó el director del ODSA.
En un país donde los ciclos de ajuste y crecimiento parecen alternarse sin llegar a resolver los problemas estructurales, las políticas de hoy deben ser pensadas con una visión a largo plazo. La pobreza, la inflación y la informalidad son los grandes desafíos de la Argentina del futuro cercano, y, como sostiene Salvia, la política del actual Gobierno «era de alguna manera necesaria», pero el camino hacia una solución sostenible requiere mucho más que ajustes y reformas monetarias.
