Sentido mensaje de los obispos: «La Buena Noticia de la Navidad es que no estamos solos»
En esta época de adviento espiritual que precede a la Navidad, y que predispone al ser humano a despedir el año con la esperanza de uno mejor, un tiempo de balances, es cuando resulta necesario mirar al pesebre de Belén donde se resume el amor de Dios en la sencillez y humildad del nacimiento y en la virtud de aquella familia que sin miedos, profundizaron los designios del Altísimo, renovando la fe e iniciando un nuevo camino.

Precisamente, así lo entienden los obispos de la Diócesis de Santiago del Estero, monseñor Vicente Bokalic, quien junto al obispo auxiliar, monseñor Enrique Martínez Ossola, y el obispo de Añatuya, monseñor Luis Corral, entregó un sentido mensaje a los santiagueños, con motivo de la Navidad que se acerca, celebración cristiana tan cara al sentimiento de todo un pueblo.
En el mensaje se resalta el saludo esperanzador, “Sostenidos y siempre acompañados por él (Dios)”, la visión global y particular de la pandemia y sus efectos donde trasciende la solidaridad con aquellos que perdieron a sus seres queridos por el virus, para quienes vieron caer sus emprendimientos laborales y para quienes se esforzaron el doble para evitar la propagación del Covid-19.
Además, en la carta también está expresado el deseo de que la lucha contra las injusticias sociales y a favor de los más desprotegidos y, contra el deterioro ambiental, sean luchas comunes y compartidas entre todos.
“Les escribimos estas líneas para saludarlos en ocasión de la celebración de la Navidad – comienza la misiva y agrega- y les deseamos que la vivamos con la profunda alegría que viene de la esperanza y de la experiencia del ‘Dios con nosotros’; donde nos sabemos amados, sostenidos y siempre acompañados por Él”.
Los obispos hacen hincapié en la realidad de todos y dicen: “Hemos vivido un año especial con la pandemia que nos sorprendió y alteró nuestras vidas, hemos tocado el dolor y el miedo, nos afecta la crisis económica y social que nos envuelve, todos nos vemos dañados de una manera u otra. En medio de todo ello, una vez más, queremos asomarnos al pesebre para acoger el misterio y el mensaje del Señor que se hace uno de nosotros para salvarnos.
En su pobreza, fragilidad y pequeñez encontramos la fuerza para mantenernos firmes y fieles en su camino, para amarnos como verdaderos hermanos y servir a todos para que nadie sea privado del don de la vida, de la dignidad, de la felicidad.
Que la Sagrada Familia bendiga a nuestro querido y dolido Santiago”, aseveran.
Asimismo, “La Buena Noticia de la Navidad es que no estamos solos, Dios decide tomar nuestra carne, desde abajo y desde adentro de nuestra historia brota una luz de esperanza que quiere impregnar y transformar todo.
El virus invisible, que nos paralizó y que derribó tantas seguridades y proyectos, no puede detener la bondad y potencia de la Navidad. Dios invisible toma rostro en el Niño de Belén, se torna cercano y palpable, no queremos ser indiferentes ni invisibilizar ningún rostro donde sigue viniendo a nosotros.
En nuestros días hay muchos nuevos rostros de la pobreza, de la enfermedad y de la soledad, de la exclusión y de la vulnerabilidad; rostros de personas que como comunidad cristiana debemos mirar, atender y cuidar. Navidad es un compromiso renovado de lucha contra ‘la otra pandemia’, la de la corrupción y de la injusticia, la del deterioro de la casa común y de la amistad social”, sostienen los prelados en su mensaje.
También, dicen: “Acompañamos fraternalmente a los que han perdido sus seres queridos a lo largo de este año, a los que han entregado generosamente lo mejor de sí por cuidar a los demás, a los que buscan trabajo y han ‘caído’ del sistema, a los que buscan y promueven caminos de solidaridad y caridad, a los que padecen carencias y angustias por diversos motivos que entristecen sus corazones, a quienes transitan enfermedades y a quienes los asisten, a los privados de libertad y a los que están lejos de sus hogares”.
“Les invitamos que las muchas dificultades de estos tiempos, las diferencias y distancias que nos separan y hieren, los desalientos y agotamientos que nos abruman, las podamos poner junto al pesebre para que el Evangelio de la Vida nos colme con su gozo, nos trasmita su paz y nos impulse a reencontrarnos y renovar vínculos personales y sociales para dejarnos rehacer como familia y pueblo.
Por último: “Reciban nuestra bendición de pastores, que la estrella de la fe y de la esperanza ilumine nuestro camino en el amor, que la Sagrada Familia proteja a todas las familias de nuestro querido y dolido Santiago del Estero”, finalizan los obispos su mensaje a los santiagueños.
