Deseo y presagio de Kurt Lutman: «Los destinos de Bolivia vuelven a manos nobles»
El MAS, partido de Evo Morales, volvió al Poder al imponerse en las elecciones presidenciales celebradas en Bolivia ayer y el escritor Kurt Lutman* lo celebró de una manera particular en sus redes sociales y lo asoció con la historia del ex futbolista Marco Antonio Etcheverry**. Para hacerlo eligió un texto que forma parte de su último libro: “Arco Sur” de reciente publicación. “Los destinos de Bolivia vuelven a manos nobles. Esta crónica -la cual lleva por título “El diablo en los carnavales”- fue escrita hace un año con deseos de presagio y hoy renace con felicidad», refiere Lutman con acertada justeza.

El futbolista boliviano Marco Antonio Etcheverry Vargas fue nacido y criado en el barrio “Ramafa” de Santa Cruz de la Sierra, donde era tradición comer una sola vez al día y bañarse con agua fría.
Su madre Elda Vargas, fue una mujer muy lectora. Su padre, José Ángel Etcheverry trabajaba en una fábrica, mal pago, cerca de su casa. De las dos calles e influencias “el diablo” eligió un camino propio. Jugar al fútbol para calmar el hambre. La pelota fue su juguete y a la vez el puente a un pasar mas digno.
El apodo de “Diablo” lo consiguió de pequeño cuando mediante jugadas endiabladas solía romper los cerrojos que les imponían las defensas contrarias. Paciencia y habilidad para destrabar defensas contrarias.
En el año 1986 debutó como jugador de primera división en el Destroyers de Santa Cruz, un club que exigía, como su nombre lo indica, la destrucción del rival o al menos la propia, para como máximo, conseguir empates.
Siendo partidario del buen juego y contando con una zurda magistral, El diablo a contraclub, se decidía por la creación de jugadas cargadas de belleza. Quizás por eso lo vendieron al Bolívar, cuyos pilares históricos eran más bien independentistas y estética futbolística mas refinada.

Peleó mucho contra el racismo en Bolivia, dentro y fuera de las canchas.
Peleó mucho para que el fútbol sea lo mas accesible posible para los barrios humildes.
Cuando se convirtió en el 10 de la Selección Nacional, las altas alcurnias bolivianas, como suele hacerse con los ídolos, lo invitaban a los mitines. La Bolivia blanca lo amó y le dio el privilegio de sentarse a su mesa y pisar sus mansiones mientras a escondidas hablaban de su poca elegancia a la hora de vestir y su andar campechano a la hora de andar.
Pero el 22 de enero esto cambió. La llegada al poder de Juan Evo Morales Ayma generó la devoción de los sectores populares de la Bolivia postergada y la admiración profunda del 10 de la Selección.
El primer encuentro fue explosivo. Evo lo convocó para inaugurar un complejo deportivo en el barrio del Mercado Campesino. Uno de los lugares mas abandonados por el Estado hasta antes de su llegada. Desde ese día en adelante “El Diablo” Etcheverry se convirtió en el embajador deportivo de un proceso popular sin precedentes. Desde ese momento le llaman “el diablo” con cara de asco en la Bolivia Blanca y en los barrios exclusivos de Santa Cruz de la Sierra.
Desde ese momento es “nuestro diablo” en territorios como Chaparé, Lourdes, Villa Fátima, en El Alto y las zonas cocaleras.
Hace poco un golpe de estado azotó a este país exiliando por la fuerza a Evo Morales Ayma y aterrorizando, reprimiendo y persiguiendo a parte del pueblo boliviano.
Golpe de estado maquillado con pinturas de búsqueda de libertades luego de que, en elecciones limpias Evo Morales arrasara con el 47,08 por ciento de los votos sacándole más de 10 puntos a Carlos Mesa, candidato opositor.
Aún así hubo golpe. Por eso hubo golpe.
Ya exiliado Evo, las fuerzas populares quedaron desnudas de líder y los golpistas prometen mientras reprimen y persiguen, que no habrá represalias.

Los comandos policiales buscan a “El diablo” en su casa de Santa Cruz y no lo encuentran. Los gambetea.
Quieren invitarlo a que dé marcha atrás, a subirse a los nuevos vientos y a que retorne a los mitines y palacios de la Santa Cruz blanca.
El los elude, les tira un caño y cuando giran para agarrarlo, ya no está.
Es momento de pedirla cuando la pelota quema.
Dicen que lo vieron en la popular tierra de El Alto entre humos, alcoholes, rituales, cascos de mineros y plantas medicinales.
Dicen que lo vieron habitar el carnaval de los de abajo junto al coraje de las “mamitas” y las Warmis, ancestrales mujeres del Sur.
Craneando, pensando, planificando esa estrategia que rompa esa defensa malaleche y mal intencionada. Agazapado junto a ellos, tramando esa jugada magistral que devuelva a Evo nuevamente a los merecidos brazos de su pueblo.
*Kurt Lutman. Narrador y exfutbolista rosarino. Autor de los libros «El agua y el pez» (2015) «Semillas para barriletes» (2017) y, «Vientos que juegan con fuego» (2019)
**Marco Antonio «El Diablo» Etcheverry. Futbolista habilidoso que vistió la casaca número 10 de la emblemática y recordada selección boliviana en las eliminatorias para la Copa Mundial de Fútbol de Estados Unidos 1994.
