13 de enero de 2026

Tras la masacre en Río, el Gobierno argentino endurece los controles fronterizos y activa la alerta máxima

Con esta medida, la administración de Bullrich busca enviar un mensaje político y operativo: la frontera norte se transforma en una línea de contención frente a un conflicto que, aunque originado en Brasil, podría tener consecuencias directas sobre la seguridad argentina.

El Gobierno nacional dispuso un refuerzo de los controles fronterizos con Brasil ante el temor de que miembros de bandas criminales intenten ingresar al país tras la masacre ocurrida en Río de Janeiro, donde un operativo policial contra el narcotráfico derivó en una ola de violencia sin precedentes.

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, confirmó la activación de la “alerta máxima” y la intensificación de la cooperación internacional para contener eventuales desplazamientos del crimen organizado.

La decisión se enmarca en un contexto regional de creciente preocupación por el impacto del narcotráfico transnacional. Según Bullrich, la medida busca “evitar que personas vinculadas a organizaciones criminales brasileñas crucen hacia la Argentina mientras se desarrolla el conflicto en Río”. Para ello, se reforzarán los controles en aeropuertos, pasos fronterizos de Misiones, Corrientes y Formosa, y zonas de frontera seca, con la participación coordinada de fuerzas federales y provinciales.

El operativo implica una vigilancia más estricta sobre ciudadanos brasileños, aunque —según aclaró la ministra— sin afectar el tránsito de turistas. “Significa mirar con cuatro ojos a todos los brasileños que vengan a la Argentina, verificando antecedentes, pero sin confundir a visitantes con criminales”, sostuvo Bullrich, quien también remarcó que la seguridad nacional “está por encima de todo”.

El Comando Vermelho, una de las organizaciones más poderosas del narcotráfico brasileño, está en el centro de la crisis que sacude a Río. La violencia desatada tras el operativo policial dejó al menos 132 muertos, según la Defensoría Pública local, y generó alarma internacional por el grado de brutalidad y la posible expansión del conflicto.

En paralelo, la Cancillería argentina recomendó a los ciudadanos que planeen viajar a Brasil —especialmente a Río de Janeiro— evitar las zonas afectadas y mantenerse informados sobre la evolución de la situación de seguridad.

Más allá de la emergencia inmediata, la respuesta del Gobierno argentino refleja un intento de anticiparse a un fenómeno que ya trasciende fronteras: la expansión de redes criminales que operan con lógica regional. La cooperación con Interpol y las fuerzas brasileñas será clave para prevenir la infiltración de estructuras delictivas, pero también evidencia que el narcotráfico, cada vez más integrado en el Cono Sur, desafía los mecanismos tradicionales de control fronterizo.

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