19 de marzo de 2026

Sector autopartista: advierten por el deterioro industrial y el riesgo de una reconversión laboral precaria

Desde el sector advierten que, de no mediar cambios en las condiciones económicas y regulatorias, el escenario podría derivar en una mayor destrucción de empleo y en el desmantelamiento del entramado industrial.

Ph: Archivo

La industria autopartista argentina vuelve a encender señales de alarma en medio de un proceso de deterioro que combina pérdida de competitividad, avance de importaciones y caída sostenida de la producción.

Uno de los planteos más contundentes provino de Andrés Fava, directivo de ZF Argentina, quien alertó sobre la falta de previsibilidad como uno de los principales obstáculos para la sostenibilidad del sector. Según su análisis, la volatilidad en las políticas económicas —con cambios bruscos entre esquemas más proteccionistas y otros más abiertos— dificulta la planificación de largo plazo y desalienta la inversión productiva.

El diagnóstico incluye múltiples factores de presión: menor nivel de actividad en la industria automotriz, reducción del componente nacional en nuevos proyectos, pérdida de mercados externos y una creciente penetración de autopartes importadas, en particular desde China. Este combo ya tuvo consecuencias concretas: en los últimos 15 años cerraron más de 50 कंपनías del sector, y varias firmas comenzaron a aplicar ajustes que incluyen recortes de personal y programas de retiros voluntarios.

Fava también puso el foco en lo que definió como “competitividad estructural”, vinculada a factores que exceden a las empresas y dependen de la política pública. Entre ellos, mencionó la elevada carga impositiva, los costos laborales no salariales y la inestabilidad macroeconómica. Según detalló, estos costos adicionales pueden representar cerca de dos tercios del salario, un nivel que supera al de otros países de la región y erosiona la capacidad de competir tanto en el mercado interno como en el externo.

El planteo también cuestiona la idea de que la pérdida de empleo industrial pueda ser compensada rápidamente por sectores como la energía o la minería. Desde esta perspectiva, esas actividades no cuentan con la misma capacidad de absorción de mano de obra, lo que podría derivar en un aumento del empleo informal o en procesos de reconversión forzada hacia actividades de subsistencia.

En ese marco, el riesgo no es solo económico, sino también social. La advertencia apunta a un escenario en el que trabajadores calificados y estructuras productivas consolidadas terminen desplazados hacia esquemas precarios, alejados del empleo industrial formal. Frente a esta tendencia, el sector reclama políticas coordinadas y sostenidas que permitan recomponer la competitividad y evitar un proceso de desindustrialización con efectos difíciles de revertir.

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