«No hay plata»: efectivos militares recurren a trabajos en apps para completar ingresos
El deterioro sostenido de los salarios en las Fuerzas Armadas argentinas empuja a parte de su personal a buscar ingresos adicionales fuera del ámbito castrense. En muchos casos, tras cumplir con sus funciones, efectivos se desempeñan como conductores en aplicaciones de transporte o reparto para compensar la pérdida de poder adquisitivo.

El problema no es reciente, pero se ha profundizado hacia 2025-2026. Los haberes muestran un desfase estructural frente a la inflación, y en los rangos más bajos —como voluntarios y marineros— los ingresos no alcanzan a cubrir la canasta básica familiar. Aunque se aplicaron incrementos, como el 2% dispuesto en marzo de 2026 junto a una suma fija, estos ajustes resultan insuficientes frente al avance de los precios.
Los datos reflejan un escenario crítico: hacia mediados de 2025, los salarios de los escalafones iniciales se ubicaban en niveles que rozaban o quedaban por debajo de la línea de pobreza. Esta situación no solo afectó las condiciones de vida del personal, sino que también tuvo consecuencias institucionales. Durante 2025 se registró un número significativo de solicitudes de baja —alrededor de 2.200 efectivos—, con especial impacto en la Armada.
La brecha salarial dentro de la estructura militar también evidencia fuertes desigualdades. Mientras los rangos superiores perciben ingresos considerablemente más altos, suboficiales y personal de base enfrentan el mayor deterioro. Esto ha generado un estado de malestar persistente y reclamos reiterados por recomposición y equiparación salarial.
En este contexto, el mando del Ejército, encabezado por el general Oscar Zarich, habría dispuesto restricciones internas que prohíben a los efectivos desempeñarse en determinadas plataformas de transporte o reparto. La medida busca preservar la disciplina y disponibilidad del personal, aunque también pone en evidencia la tensión entre las exigencias institucionales y la realidad económica de los cuadros inferiores.
Casos similares se replicarían en otras fuerzas, donde incluso oficiales jóvenes recurren a actividades informales para sostener su nivel de ingresos. El fenómeno expone no solo una problemática salarial, sino también un desafío más amplio para la sostenibilidad y profesionalización del sistema de defensa en el país.
