28 de enero de 2026

El mensaje implícito de Verón y el cortocircuito con Ascacibar tras su llegada a Boca

Fiel a su estilo, Verón optó por no dar explicaciones públicas. Eligió un gesto sutil pero elocuente, apoyado en una figura emblemática como Sabella y en una frase que remite a la responsabilidad sobre lo dicho en el pasado. En Estudiantes, el ciclo de Ascacibar ya se cerró, aunque las repercusiones de su salida todavía siguen marcando la agenda del club.

Ph: m1

El traspaso de Santiago Ascacibar a Boca Juniors no solo tuvo impacto en el mercado de pases, sino que también generó un fuerte sacudón en el universo de Estudiantes de La Plata.

La partida del mediocampista, uno de los símbolos recientes del club, provocó reacciones que excedieron lo estrictamente futbolístico y expusieron tensiones latentes dentro de la institución.

En medio de ese clima, Juan Sebastián Verón protagonizó un gesto que fue leído como una señal clara de disconformidad. El presidente del club dejó de seguir al jugador en redes sociales y, poco después, publicó una historia en Instagram que despertó múltiples interpretaciones. Sin mencionar nombres, eligió una imagen junto a Alejandro Sabella y una frase cargada de sentido: “Soy dueño de mi silencio y esclavo de mis palabras”.

La cita, asociada históricamente al exentrenador campeón con Estudiantes, fue interpretada como una referencia directa a Ascacibar, quien en distintas ocasiones había afirmado que, dentro del fútbol argentino, solo vestiría la camiseta del Pincha. Para muchos hinchas y analistas, el mensaje funcionó como una respuesta indirecta a una decisión que contradijo aquellas declaraciones públicas.

En La Plata, el destinatario del posteo no generó demasiadas dudas. Incluso, en las horas previas, un medio local había publicado una columna recordando los dichos del volante, lo que reforzó la lectura de que la publicación de Verón buscó marcar una posición institucional sin necesidad de confrontar de manera explícita.

La salida de Ascacibar resultó especialmente sensible por el vínculo construido con el club. Surgido de las divisiones inferiores, capitán en distintas etapas y referente del plantel, su figura estaba estrechamente ligada a la identidad de Estudiantes. Por ese motivo, su pase a Boca —y no a otro destino— amplificó el impacto y convirtió la operación en un tema central de debate entre los hinchas.

En términos económicos, la transferencia se concretó por una suma cercana a los cuatro millones de dólares por el 80% del pase, e incluyó el préstamo de Brian Aguirre, sin cargo y con opción de compra, con el compromiso de Boca de hacerse cargo de su salario hasta 2026. Sin embargo, el aspecto financiero quedó relegado frente al peso simbólico de la decisión y las consecuencias en el plano institucional.

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