El avance de la desindustrialización y sus consecuencias sociales en la era Milei
Los datos más recientes del Indec confirman una profundización del ciclo recesivo que castiga a la producción nacional con una caída del 8,7 por ciento interanual en el índice manufacturero de noviembre.

Este desplome representa el quinto mes consecutivo de retroceso para un sector que enfrenta políticas de apertura comercial y falta de incentivos estatales.
La situación es tan crítica que organismos internacionales como IndustriAll Global Union han manifestado su alarma ante lo que consideran un desmantelamiento del tejido productivo argentino que ha derivado en cierres de plantas y reducciones masivas de personal en todo el territorio.
La crisis tiene su reflejo más crudo en la conflictividad laboral como sucede actualmente en la petroquímica Sealed Air de Quilmes donde el despido de decenas de operarios ha derivado en la parálisis de la planta.
El modus operandi empresarial marcado por cesantías inesperadas y retiros voluntarios forzados se repite en diversos rubros destacándose el sector textil con una caída estrepitosa del 36,7 por ciento y el automotriz con un descenso superior al 23 por ciento.
Estas cifras no son eventos aislados sino el resultado de un modelo que al priorizar la importación y la desregulación termina por asfixiar a las pequeñas y medianas empresas que sostienen el empleo local.
El panorama se agrava al observar la construcción que también cerró noviembre con una tendencia negativa reflejando una caída interanual del 4,7 por ciento.
La paralización de la obra pública y la incertidumbre en el sector privado han generado expectativas desfavorables para el inicio del año 2026 consolidando un escenario de estancamiento.
Mientras casi todos los rubros industriales muestran signos de agotamiento el Gobierno insiste en una hoja de ruta que la dirigencia sindical califica como anti industrial dejando a miles de familias en la precariedad y comprometiendo la soberanía económica del país a largo plazo.
