Construcción: leve repunte, pero empresarios anticipan un fin de año en rojo
El leve crecimiento del ISAC no alcanza a tapar el diagnóstico dominante entre los empresarios: un 2025 que termina con más dudas que certezas, y con un sector que sigue mirando de reojo cómo se diluye su capacidad de traccionar empleo e inversión.

La construcción volvió a mostrar en agosto un leve signo positivo en los números oficiales, pero la dinámica del sector sigue marcada por la inestabilidad y la falta de horizonte.
Según el INDEC, la actividad creció 0,5% respecto de julio y 0,4% interanual, con un acumulado de 8% en los primeros ocho meses de 2025. Sin embargo, las grandes empresas no acompañan el optimismo estadístico: más del 60% proyecta que la actividad se mantendrá estancada en lo que resta del año, mientras que casi un tercio directamente prevé una caída.
La radiografía de los insumos refleja las tensiones internas del sector. En agosto se disparó la demanda de asfalto (61%) y de hormigón elaborado (22,5%), indicadores vinculados a obra pública y proyectos puntuales, pero al mismo tiempo se desplomaron ladrillos (-14,7%), placas de yeso (-11,5%) y cales (-9,5%), insumos asociados a la construcción privada y a proyectos de vivienda. El contraste expone una paradoja: hay movimiento en algunos segmentos, pero la construcción residencial y la inversión privada muestran un deterioro constante.
En el empleo, los datos tampoco logran despejar dudas. Aunque en julio se registró un incremento de 4,6% en puestos de trabajo respecto del mismo mes de 2024, el acumulado de enero a julio cayó 0,6%. En otras palabras, se crean empleos temporales mientras el mercado no logra consolidar una tendencia de largo plazo.
Lo que trasluce este panorama es que la construcción funciona en piloto automático, sostenida por ciertos repuntes puntuales, pero sin un marco de políticas que garantice previsibilidad. Las propias empresas lo reconocen: reclaman alivio fiscal, créditos accesibles y estabilidad de precios como condiciones mínimas para recuperar dinamismo. Sin esos incentivos, el sector corre el riesgo de convertirse en una estadística inflada por coyunturas y no en un motor real de la economía.
