14 de enero de 2026

Avance médico en Argentina: desarrollan piel autóloga para tratar quemaduras y heridas complejas

Este desarrollo representa un paso importante para la medicina regenerativa en el país y abre nuevas posibilidades para el tratamiento de pacientes con lesiones cutáneas severas, combinando innovación, seguridad y accesibilidad.

Un centro de salud argentino logró un avance relevante en el campo de la bioingeniería de tejidos al desarrollar piel nueva a partir de las propias células del paciente, una innovación que promete mejorar de manera significativa el tratamiento de quemaduras graves y heridas de difícil cicatrización.

La técnica, denominada cultivo autólogo dermo-epidérmico para autoinjerto, consiste en la extracción de una pequeña muestra de piel del propio paciente, que luego es cultivada en laboratorio hasta generar una lámina de piel nueva. Ese tejido se utiliza posteriormente para cubrir y reparar las zonas dañadas, favoreciendo una regeneración más rápida y segura.

Según informó el Hospital Italiano a la Agencia Noticias Argentinas, este método surge como una alternativa superadora frente a los tratamientos tradicionales, que se basaban en el uso de piel donada de otras personas, injertos de origen animal o materiales sintéticos. Estas opciones, si bien efectivas, presentan mayores riesgos de rechazo, infecciones y costos elevados.

El jefe del Servicio de Dermatología y del Equipo de Bioingeniería de Tejidos, el doctor Luis Mazzuoccolo, explicó que la técnica resulta clave en casos de quemaduras de tercer grado, donde se pierden todas las capas de la piel. “Es fundamental reemplazar la dermis de manera rápida, ya que su pérdida afecta funciones esenciales como la elasticidad y la sensibilidad, y puede derivar en complicaciones graves”, señaló.

El procedimiento se desarrolla en cuatro etapas. Primero, se extrae una porción mínima de piel —dermis y epidermis— generalmente de la zona inguinal, que presenta buena capacidad de cicatrización. Luego, ese tejido se cultiva en plasma rico en plaquetas del propio paciente, lo que aporta factores de crecimiento y reduce casi por completo el riesgo de rechazo inmunológico. Entre 10 y 17 días después, la piel cultivada se aplica sobre la herida, protegida con gasas y vendajes. Finalmente, en un período que puede ir de 30 a 120 días, se logra el cierre completo de la lesión y la regeneración del tejido.

Los primeros resultados son alentadores. En un paciente tratado con esta técnica, la piel regenerada alcanzó un 95% de elasticidad, frente al 75% obtenido con piel artificial. Además, el procedimiento ofrece beneficios adicionales, como una mejor apariencia estética de la cicatriz, menor invasividad —ya que la extracción es ambulatoria y con anestesia local— y una reducción significativa de los costos en comparación con los sustitutos dérmicos comerciales.

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