Los chicos del b√°squetbol son m√°s cool que los olvidados de "La Noche de los L√°pices"

El tablero y el aro en la fachada de Casa Rosada.

Cuando leí la noticia en los portales de los diarios y vi la fotografía de la fachada, me negué a creerlo y no pude sino indignarme.

No porque considere que la colocación de un tablero y aro de básquetbol en la Casa Rosada carezca de originalidad, o porque no sea justo el gesto del Gobierno Nacional para elogiar la heroica participación del seleccionado argentino en el mundial de la especialidad, y el logro del segundo puesto de este novel equipo, tras la final disputada en la capital China.

Mi indignaci√≥n fue mucho m√°s all√°. Y me llev√≥ a pensar en todos aquellos Scola, en los Campazzo, en los Deck, en los cientos de chicos que ten√≠an sue√Īos de campeones y que no jugar√°n jam√°s un partido a cancha llena, ni amistoso ni profesional, porque ya no est√°n, o est√°n desaparecidos.

Pensé en las generaciones de argentinos que no celebrarán una consagración tan importante como lo es una conquista deportiva a nivel mundial, porque un día, la Autoridad del gobierno de facto, los sacó de sus camas y se los llevó para nunca devolverlos, o si los devolvieron, fue con el sello del miedo en sus silencios.

Pensé en un pueblo que aceptó la idea de que recordar está prohibido y pienso en un Gobierno que nos obliga a pensar que está bien despreciar la vida, porque está prohibida la lucha, porque está prohibido recordar.

Eduardo Galeano diría: “La memoria del poder no recuerda, bendice. Ella justifica la perpetuación del privilegio por derecho de herencia, otorga impunidad a los crímenes de los que mandan y proporciona coartadas a su discurso, que miente con admirable sinceridad.
La memoria de pocos se impone como memoria de todos. Pero este reflector, que ilumina las cumbres, deja la base en la oscuridad. Los que no son ricos, ni blancos, ni machos, ni militares, rara vez act√ļan en la historia oficial de Am√©rica Latina‚Ķ‚ÄĚ

Cuando el escritor uruguayo hablaba de la memoria colectiva, le llamaba ‚ÄúMemoria de la Dignidad Incesante‚ÄĚ. Para √©l era importante visibilizar aquellos hechos del pasado sobre los cuales la historia oficial no reparar√≠a nunca, hechos que precisamente, la historia oficial tapa, olvida y obliga a olvidar a prop√≥sito.

‚ÄúEs una historia de machos, contadas por los machos, para los machos, y por lo tanto para la perpetuaci√≥n del poder de los machos.‚ÄĚ ‚ÄďDijo en una entrevista en referencia a esta historia oficial que les cuento y redobl√≥ su apuesta intelectual: ‚ÄúEs una historia de blancos, absolutamente racistas, es una historia de ricos, que corresponde a la necesidad de justificar sus privilegios, para poder transmitirlos por herencia, herencia cultural y herencia material, el que tiene el Poder, tiene la palabra...‚ÄĚ

La represión ilegal fue un hecho real, innegable, aunque se intente ocultarlo.

Mientras contemplaba el tablero y aro de b√°squetbol en el centro de la fachada de Casa Rosada, record√© esa p√°gina oscura de nuestra historia reciente, la cual reserva un cap√≠tulo para los hechos que la historia oficial, la historia de la perpetuaci√≥n de los blancos, ricos y racistas, ha decidido no contar, porque es mucho m√°s ‚Äúcool‚ÄĚ celebrar los logros deportivos en Beijing, que los atroces sucesos de un 16 de septiembre de 1976.

Hechos que tienen como protagonistas a grupos de tareas de la Polic√≠a y del Ej√©rcito irrumpiendo al amparo de la noche en las casas de varios j√≥venes en la ciudad de La Plata, a quienes secuestraron, torturaron y desaparecieron, porque seg√ļn el relato oficial, hab√≠an reclamado por la implementaci√≥n del boleto estudiantil gratuito.

Esa p√°gina negra lleva por t√≠tulo: ‚ÄúLa Noche de los L√°pices‚ÄĚ. Si bien es cierto, lo ocurrido la madrugada del 16, es un acontecimiento circunscripto a un espacio de tiempo limitado, en realidad deber√≠a plantearse como ‚ÄúLas Noches‚ÄĚ de los L√°pices. Y esto se debe a que ese tr√°gico d√≠a form√≥ parte de un plan sistem√°tico de secuestros a diez estudiantes secundarios, ocurrido entre el 9 y el 21 de septiembre de ese a√Īo.

Aquellos j√≥venes eran militantes de la Uni√≥n de Estudiantes Secundarios (UES) y de La Juventud Guevarista y sus edades oscilaban entre los 16 y los 18 a√Īos. Sus nombres ser√°n siempre c√©lebres, porque seis de ellos, Claudia Falcone, Clara Ciochini, Horacio √öngaro, Claudio de Acha, Daniel Racero y Francisco Montaner, nunca volvieron a sus familias y contin√ļan desaparecidos.

A pesar de que se conocen los nombres de quienes encabezaron los operativos de represi√≥n ilegal, tal el caso del jefe de la Bonaerense, Coronel Ram√≥n Camps, secundado por el comisario Miguel Etchecolatz, hay una fase de la historia que a√ļn no cierra.

Camps fue condenado a 25 a√Īos de prisi√≥n y a la degradaci√≥n de su jerarqu√≠a por delitos de lesa humanidad y encarcelado en 1986. Cuatro a√Īos despu√©s fue beneficiado por el indulto menemista, recuperando la libertad porque la excusa del Gobierno de entonces era, que hab√≠a una necesidad de ‚Äúla pacificaci√≥n nacional‚ÄĚ. Camps muri√≥ en libertad en 1994 a pesar de que fue probada su participaci√≥n en 214 secuestros extorsivos, entre los que se cuentan 47 v√≠ctimas que a√ļn siguen desaparecidas.

El creador del ‚Äúcircuito Camps‚ÄĚ, que comprend√≠a los 29 CCD, (Centros Clandestinos de Detenci√≥n) en la zona 1 de la provincia de Buenos Aires, que estaban bajo su mando, fue acusado y sentenciado por 32 asesinatos, 120 casos de torturas, 2 violaciones y 2 abortos provocados por torturas. Adem√°s de 18 robos de bienes y propiedades y al menos 10 robos beb√©s.

Por caso, Miguel Etchecolatz, mano derecha de Camps, tuvo una suerte diferente. Condenado a 23 a√Īos de prisi√≥n en 1986 y beneficiado por la aplicaci√≥n de la Ley de Obediencia Debida en los ‚Äė90. Sin embargo, con la reapertura de los Juicio en 2003, fue condenado en 2004, 2006, 2014 y 2016, a una pena unificada de reclusi√≥n perpetua. El silencio fue su marca distintiva y nunca mencion√≥, ni dio pistas de sus v√≠ctimas.

El papel del Genocida.

√Čste ser√° recordado por las fotograf√≠as que tomara durante una audiencia, el reportero gr√°fico, Leo Vaca, cuando Etchecolatz ten√≠a en una de sus manos, un papel de pu√Īo y letra en el que estaba escrito el nombre de Jorge Julio L√≥pez, testigo vital del juicio. Julio Lopez despu√©s de dar su testimonio, presuntamente habr√≠a sido ‚Äúdesaparecido‚ÄĚ.

Las fotografías de Leo Vaca son elocuentes y si se quiere, indicios de culpabilidad. A la Justicia le faltó pericia para evitar la desaparición de Julio López.

Pareciera ser un juego del destino, pero a la vez ser√≠a honesto reconocer que Eduardo Galeano ten√≠a raz√≥n, porque dijo: ‚Äúla injusticia es una fatalidad que estamos obligados a aceptar o aceptar. El poder no admite m√°s ra√≠ces que las que necesita para proporcionar coartadas a sus cr√≠menes; la impunidad exige la desmemoria‚ÄĚ.

Pablo Díaz; Gustavo Calotti, Patricia Miranda y Emilce Moler, fueron liberados y puestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, tal y como la Dictadura Cívico Militar acostumbraba a llamar a los presos políticos sin proceso

Hoy, los chicos de ayer, son sobrevivientes de ‚ÄúLa noche de los l√°pices‚ÄĚ, esa noche que es necesario no recordar, o en todo caso, que el Gobierno necesita reemplazar simb√≥licamente con un tablero y aro de b√°squetbol en el inconsciente colectivo, una acci√≥n que seg√ļn el Diario Clar√≠n, la Secretar√≠a General de la Presidencia suele hacer a modo de ‚Äúhomenaje y reconocimiento, como el d√≠a de los enamorados y una gigantograf√≠a de San Mart√≠n‚ÄĚ, algo as√≠ como naturalizar aquello que resulta fr√≠volo ante las evidencias de lo macabro.

Pero claro, todo tiene su explicación. Y se explica a partir de un nombre: Fernando de Andreis.

Fernando de Andreis, no fue exitoso en lo que se propuso, pero llegó lejos.

De Andreis, es uno de los protegidos de Mauricio Macri. Hijo adoptivo del campe√≥n de Turismo Carretera, Juan Manuel Bordeu y hemanastro de la primera esposa del presidente argentino, Ivonne. Si lo buscamos por Wikipedia, sabremos que es licenciado en Administraci√≥n de Empresas por la UBA, si, Universidad p√ļblica. Que quiso ser corredor de automovilismo, sin √©xito (sic.) Que en 2002 comenz√≥ con su carrera pol√≠tica de la mano de un conocido, Marcos Pe√Īa y trabaj√≥ como jefe de campa√Īa para Rodr√≠guez Larreta en 2015.

El dato m√°s saliente es que en 2013 se present√≥ como candidato a la presidencia de River Plate y desat√≥ la pol√©mica en el seno del PRO porque se enfrent√≥ a Dar√≠o Santilli, hermano del por entonces ministro de Macri, Diego Santilli, quien aspiraba a lo mismo. En los pasillos del Monumental lo recuerdan por su eslogan, ‚ÄúYo no festejo empates‚ÄĚ y su primer acto de campa√Īa, fue tan bizarro que sus propios militantes no lo encontraban para la foto cuando se hab√≠a acordado entregar chupetines a los hinchas. De Andreis hab√≠a viajado a Uruguay.

Claro es que De Andreis tampoco tuvo √©xito en llegar a la presidencia de River. Pero parecer√≠a ser que quienes s√≠ tuvieron √©xito fueron su esposa, su suegro y sus cu√Īados, quienes figuran como titulares de cuentas offshore en los famosos Panam√° Papers. Personajes exitosos, si los hay.

En este marco de reflexi√≥n, s√≥lo cabe una pregunta: ¬ŅQu√© le puede interesar a un De Andreis la memoria de un pueblo, si su realidad es tan lejana a la realidad de todos y en especial, a la realidad de las v√≠ctimas de la represi√≥n ilegal y del terrorismo de Estado durante la Dictadura C√≠vico Militar?

‚ÄúPara que las infamias puedan ser convertidas en haza√Īas, hay que romper la memoria‚ÄĚ, explica Galeano y cada vez que veamos un tablero y aro de b√°squetbol en la fachada de la Casa Rosada, veremos el martillo de la infamia golpeando la testa de un pueblo, porque la realidad y la memoria est√°n disociadas, desintegradas en el seno de esta cultura despojada de valores, ‚Äúcultura del desvinculo‚ÄĚ -dir√≠a Galeano-, la que ‚Äúnos adiestra para creer que las cosas ocurren porque s√≠‚Ķ y nos hacen creer que estamos condenados a la resignaci√≥n‚ÄĚ.

Por Daniel "Freddy" Anchepe, Docente.

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