21 junio, 2021

Cuenta regresiva a las PASO entre números y estrategias

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En dos semanas se realizarán las elecciones primarias en nuestro país y se conocerán a ciencia cierta las posibilidades de los candidatos en su carrera por la presidencia.

Faltan exactamente dos lunes para conocer la fórmula ganadora. La cuenta regresiva nos obliga a sacar la calculadora para poner en números los posibles resultados y lejos de la especulación matemática, si la lógica electoral no falla, ese lunes nos desayunaremos con el bombardeo mediático que anuncie la fórmula presidencial que conducirá los destinos del país por los siguientes cuatro años.

Obviamente, lo repetimos, si la lógica electoral no falla, esa que no tiene basamento en el azar ni en la especulación, sino que asegura que quien gana en las primarias, tiene grandes chances de ganar la general.

Es evidente que a tan sólo dos semanas de las PASO, la polarización entre Fernández-Fernández y Macri-Pichetto, está cada vez más marcada y se alza con una intención de votos que para algunos conservadores ronda el 75%. Con estos porcentajes, a ninguna de las fórmulas les alcanzaría.

Alberto y Cristina concentran un 35%, más o menos, de intención de voto. Esos votos son personas que creen en un proyecto “nacional y popular” pero más aún, que sufrieron o sufren las consecuencias de las decisiones del gobierno de Cambiemos, que dicho sea de paso, captan 3 de cada 10 sufragios, según las encuestas.

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Si lo analizamos, la democracia es un juego de números y la Ley Electoral en nuestro país le otorga el triunfo a la propuesta que se lleva la mayor cantidad de votos. Pero además contempla la posibilidad de una segunda vuelta (ballotage) en caso de que esa fórmula no obtenga el tan ansiado 45%, o que no gane por una diferencia mayor a los 10 puntos si el caudal de votos es menor.

La Polarización se dirimirá en una elección reñida donde cada voto cuenta.

Entonces, ¿Quién ganará las PASO? Es la pregunta del millón.

Si las elecciones fueran hoy las chances estarían de lado de Alberto Fernández, candidato a presidente por el Frente de Todos, de quien 17 de 20 encuestadoras, propias, ajenas y pagadas, dicen que se ubica por encima de Mauricio Macri con una oscilación entre 3 y 5 puntos. Sigue sin alcanzar para octubre.

La polarización de las propuestas mayoritarias se definiría, o profundizaría, tras las Primarias porque hay un porcentaje abrumador de votos que se repartirían entre las propuestas de otros partidos y los mal llamados “indecisos”.

En este caso Lavagna-Urtubey, según el clima en el seno de Consenso Federal que trasciende al exterior, es una fórmula que aspira a reunir del 10% de los votos en adelante, “dos dígitos” sería el objetivo.

Por su lado, Del Caño-Del Pla que lograron unir a la mayoría de los partidos de Izquierda en una sola vertiente, dejando de lado las diferencias propias del movimiento, mantiene un 4% de intención de votos en las PASO que podrían subir al 6% o al 8% si el viento eleccionario es a favor. Ante este panorama, es oportuno decir que el esfuerzo de unidad de la Izquierda no sedujo a Manuela Castañeira del Nuevo Más, la única propuesta presidencial encabezada por una mujer para estas Elecciones 2019 y que se llevaría 1 o 2 de cada 100 votos.

José Luis Espert, el disidente candidato de Despertar, captaría entre un 2 y un 4 por ciento de los sufragios como una fuerza independiente que tuvo muchos problemas para competir en estas elecciones presidenciales, debido a las trabas impuestas desde el mismísimo oficialismo, que otrora supiera acompañar pero que no llegó a concretar un acuerdo final.

Más alejados, Gómez Centurión (Frente NOS) Biondini (Frente Patriota) Romero Feris (Partido Autonomista) y Albarracín (Acción Vecinal), se alzarían con otros 3 o 4% en conjunto.

Por otro lado, es importante mencionar que el porcentaje de indecisos en nuestro país es muy bajo, ya que no hay “indecisos puros” en Argentina. No hay indecisos que lleguen al domingo de elecciones sin tener esa inclinación natural por un candidato o propuesta.

Esto se debe a una razón lógica, también. El peronista, por convicción o por fanatismo, sabe a quién va a votar. En cambio, los otros electores o partidarios, por una cuestión aleatoria o simplemente por una necesidad de mostrarse contrario a los fundamentos del peronismo, prefieren expresar su apoliticidad o desinterés mentiroso en el resultado y cuando entren al cuarto oscuro, votarán en contra del peronismo o se inclinarán por una propuesta más “light”.

Ahora bien, en el mejor de los escenarios, el reparto de los votos de las minorías y la suma de los indecisos sería un cóctel explosivo para las elecciones de octubre. Los candidatos saben que no les alcanza y tanto el oficialismo, como la principal fuerza de oposición, deberán aguzar sus estrategias de seducción al electorado para traer agua a su molino.

Los candidatos de Juntos por el Cambio apuestan a la virtualidad para continuar en el poder.

En este caso, la fórmula de Juntos Por El Cambio, corre con ventaja sobre el Frente de Todos. ¿Cuáles son, entonces, las herramientas con las que cuentan los candidatos?

En primer lugar, el oficialismo posee una estructura de campaña sólida que se soporta sobre una maquinaria de comunicación aceitada, de amplio conocimiento de los intereses y gustos de los electores. Por eso llevó la campaña al terreno de lo virtual, donde no necesita exponer a sus candidatos al roce con la gente en la calle, cuando la tecnología lo ubica a tan sólo un click de distancia.

Además, cuenta con el aparato del Estado y el respaldo de los empresarios amigos que ganaron mucho dinero participando de los negocios rentables de la energía o de la agroindustria exportadora. El fuerte espaldarazo del FMI que desembolsó cifras varias veces millonarias para contener la escalada del dólar y la suba de la inflación, garantizando tasas bancarias exorbitantes, es una estrategia a tener en cuenta.

También, cuenta con el visto bueno de los mercados internacionales que operaron en alza por estos días, mercados que ven en la bicicleta financiera una hermosa oportunidad para ganar dinero fácil en poco tiempo y el apoyo de un irreverente Donald Trump, se traduce para el gobierno como mínimo, oportuno.

Y no se puede pasar por alto, el blindaje mediático con el cual se cubre a los candidatos de Juntos Por el Cambio o funcionarios del gobierno de Macri. Blindaje que se ampara en la libertad de expresión de los grandes Medios de Comunicación que siempre fueron afines al macrismo y que se articula a través de la militancia de reconocidos periodistas y generadores de opinión, tal y como ocurrió días atrás con la carta firmada por personalidades de la farándula a favor de este gobierno.

Blindaje que adopta momentos de zozobra pero que se recompone cuando las voces más influyentes hablan de las causas de corrupción en contra de Cristina Fernández o cuando se toman de algún desliz dialectico, o no, de la expresidenta en la presentación de su libro mientras recorre el país.  

Alberto y Cristina, deberán saber cómo comunicar los resultados de Cambiemos para ganar una elección que será un medidor de fuerzas en la puja por la presidencia.

Asimismo, Alberto y Cristina, tienen a su disposición los nefastos resultados de las políticas neoliberales implementadas por Cambiemos a lo largo de estos 3 años y medio y si son bien comunicados, pueden ser una plataforma de despegue para el retorno al poder.

Sólo por mencionar algunos, los tarifazos y el ajuste salvaje que se aplicó con un indefinido gradualismo y que el gobierno promete acelerar si gana las elecciones en octubre. Las 10 mil o más PyMES fundidas, 50 por día según la denuncia realizada por la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) y la ENAC (Empresarios Nacionales para el Desarrollo Argentino)

También, los candidatos del Frente de Todos pueden meter los dedos en la llaga y recordar las empresas emblemáticas, reconocidas y/o multinacionales que se fueron del país o que presentaron sus procesos preventivos de crisis (Quiebras solapadas para no resignar ganancias a merced de suspensiones y despidos del personal, todos argentinos)

Podrían exponer los números de la gente que perdió su trabajo. La desocupación, 10 de cada 100. Los porcentajes de subocupación, 12%. O, mencionar que la mitad (52,47%) de los desocupados están enmarcados en la franja etaria de los 18 a los 29 años, lo que representa la fuerza productiva de un país.

Podrían tomarse de los números alarmantes de la pobreza generada por el gobierno donde uno de cada dos niños es pobre en nuestro país, pese a la promesa de “Pobreza 0” y la deuda de los miles de millones pagaderos a cien años y la fuga de capitales que no se detiene.

El deterioro forzado de los ingresos de los jubilados, que con la fórmula tan elogiada por el macrismo, siempre perdieron con la inflación real que ronda el 250 por ciento y la quita de los remedios considerados esenciales.

O, la leche que en 2015 costaba por litro, en promedio, unos 10 pesos pero que ahora ya no es leche, sino una bebida láctea, a base de leche, que casi triplica ese valor, porque la verdadera leche cuesta en 2019, entre 70 y 80 pesos por litro.

En fin, sobran las herramientas y las cartas están echadas, porque todos saben que los números no cierran y aún hay gente que espera conocer los resultados de las PASO para dar ese paso trascendental con miras a octubre, no vaya a ser cosa que suceda como en las elecciones anteriores en las que María Eugenia Vidal aventajó a Aníbal Fernández, no por la pérdida de votos, sino por la suma de los votos de aquellas personas que se dieron el lujo de no sufragar en agosto.

Así como la calculadora sólo arroja resultados numéricos faltando tan poco para las primarias y cómo las fórmulas presidenciales hacen gala de sus trucos de seducción para atraer votos, estamos en condiciones de anticipar que, en estas dos semanas, se verán el más encarnizado debate, la más feroz disputa política por ganar espacios en el consciente colectivo y tanta será la sangre que derramarán por ganar un voto que los medios para conseguirlo, lícitos o no, serán validados porque lo único que importa es llegar, a como de lugar.

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