26 enero, 2021

El barrio se vistió de amor y de infancia en un domingo especial para los niños

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Desde aquel día que nos enteramos de una enfermedad en Wuhan, China, pasaron muchas cosas y fuimos “quemando” etapas en nuestra cotidianidad. Por ejemplo, los planes de fin de semana estuvieron condicionados por aquello que se podía o no hacer, descartando las actividades clásicas e incorporando nuevas. Y todos, (en especial los más pequeños de las familias) sufrimos las consecuencias de esta pandemia, la cuarentena y la nueva normalidad.

►Editorial

Hoy será, sin duda alguna, no porque tengamos dudas sino porque la realidad así lo, un «Día del niño» diferente, muy diferente. En el cual la creatividad de los adultos buscará lograr que el tedio de un domingo con restricciones sea en realidad un día especial, una excusa para salir de la rutina impuesta.

La idea que marcó los festejos de hoy es prestar atención especial por lo que sucede en lo íntimo de aquellas familias con niños que no asisten a la escuela de manera presencial, que extrañan los vínculos cercanos con sus amigos y de contacto con sus familiares, que hace 5 meses están colgados de una realidad que poco entiende, que no les permite ser ellos mismos y a la que acceden, muchas veces, a través de la virtualidad.

Por eso, con las primeras luces de la mañana, las fachadas de las casas en el barrio Mariano Moreno 5ta. Ampliación, a unas 70 cuadras del centro de la Capital santiagueña, amanecieron decoradas y el domingo pintó diferente. Los vecinos fueron receptores, en un grupo de WhatsApp que usan para estar en contacto, de un mensaje anónimo y se sumaron a una iniciativa que proponía “una ciudad vestida de infancia” y decoraron el frente de las viviendas para celebrar a los “peques” en su día.

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“¿Qué les parece si a nuestros héroes más pequeños, -comenzaba diciendo el mensaje viralizado- esos que se guardaron en sus casas para cuidar a los mayores, esos que reinventaron juegos y recreos virtuales, esos que fueron al jardín y al cole a través de una pantalla y que además nos llenaron de arco iris y carteles para darnos fuerza y recordarnos que todo va a estar bien, les demostramos que para nosotros son muy importantes y especiales?”

Y la iniciativa era sencilla; “Les propongo que nuestra ciudad amanezca distinta, que cada vereda tenga un globo o una guirnalda o algo que la llene de color y les regale  a nuestros  niños una ciudad vestida de infancia”.

Está claro que a raíz de esta nueva normalidad, los hábitos se modificaron. Rodrigo, quien trabaja como diseñador gráfico, tuvo que volver a las prácticas de manualidades con cartulina y papel crepé, aprendidas en la escuela, para estar a la altura de las circunstancias. Karina, Nidia, Moni y las dos Mariana, hicieron guirnaldas, colgaron globos y prepararon desayunos con mucho amor para que sus hijos, al dar la vuelta a la manzana vean el hermoso homenaje.

Carolina, Adriana y Eugenia, no se quedaron al margen y con la imagen de sus niños prendidas en los pliegues internos de su corazón, replicaron la iniciativa.

Víctor Hugo dijo que comprar juguetes o regalos fue diferente a otros años porque creía que el festejo pasaría desapercibido y Jorge, contó que la nueva normalidad lo obligó a ser innovador ya que había pensado en algún momento que la pandemia no nos alcanzaría.

Los cierto es que al menos en el barrio, los vecinos se esmeraron en la decoración de los frentes, y como si fuera un salón de juegos gigante, las calles y la plaza, de a poco, se fueron llenando de voces y de alegría; de risas y juegos.

Las imágenes fueron repetidas con las ruedas de camiones en las veredas, con las muñecas por el piso arruinando sus bellos peinados y los llamados nerviosos de madres con miles de indicaciones a los aprendices de conductores de bicicletas.

En fin, que el barrio se vista de infancia, aunque más no sea por unas horas, es un mérito de los adultos que en el fondo son niños, y una demostración de amor para quienes no entienden por completo el tema de la pandemia pero que sobreentienden de afectos y cuidados.

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